Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Guitarrista de jazz contemporáneo, pero a la vez solista e investigador del jazz manouche, Cristóbal Gómez fue uno de los exponentes más relevantes dentro de un resurgimiento de la esa tradición, que multiplicó nombres y agrupaciones en las décadas de 2000 y 2010. Estudios en París y su trabajo con el grupo Gypsy Trío le redituaron ese estatus. En paralelo, trabajó como compositor en sus proyectos solista para quintetos y sextetos, con los que publicó sus composiciones de corte modernas.
La Marraqueta es un proyecto decisivo en la instalación del jazz de raíz sudamericana, resultado de la evolución de la fusión a nivel mundial y el aprendizaje que los músicos del conjunto asimilaron en sus etapas de formación, siempre a la par con ese avance del jazz moderno. Justo después del grupo Alsur, que es en definitiva el proyecto pionero en estos términos, La Marraqueta superó las tres décadas de vida con un enfoque que mezcló las raíces del folclor chileno y la música mapuche con las sofisticadas armonías del jazz, la sonoridad contemporánea y la improvisación, bien representadas en la "Tonada para la pachamama". Si bien en esos inicios la banda acuñó el concepto de la "fusión criolla", con el paso del tiempo tomó una idea más nítida y descriptiva para su propuesta: una "música chilena endémica".
Saxofonista alto y soprano perteneciente a la generación de los ‘90, quien elaboró la mayor parte de su carrera en Concepción y Valdivia. Allí, Guido Ruiz alternó su profesión de químico y su rol como académico de la Universidad Austral con la de músico de jazz, encabezando una serie de cuartetos bop donde el sonido de su saxofón lo acercó a los de figuras como Jackie McLean y Gary Bartz. Musicalmente, Guido Ruiz transitó entre el jazz contemporáneo y el jazz de fusiones, en una época en que además llegó a tomar el testimonio de los primeros músicos que impulsaron el jazz en Valdivia: el baterista Osvaldo Chalupa Martínez y el pianista Fernando Wohlwend.
Al finalizar los '80, el guitarrista Emilio García (ex Aparato Raro) y el baterista Raúl Aliaga (ex Latinomusicaviva) formaron uno de los primeros "power tríos" en la época posterior al régimen militar. La agrupación, a la que además se unió el bajista Marcelo Aedo (de Alsur), fue un prototipo de los tríos eléctricos que el guitarrista iba a liderar durante los años '90 en una marcada línea jazz-rock.
Electrónica, pop, sonidos precolombinos, música incidental, rock y jazz. Casi no hay género musical que Guillermo Cuti Aste no haya trabajado en algún momento, animando una carrera que destaca como una de las más versátiles de las últimas décadas en Chile. Ejecutante de diversos instrumentos, el penquista es también compositor y arreglador, y ha llevado su música a teatro, cine y televisión. En el año 2009 presentó su primer álbum solista, Estatuas de sal.
Como una joven promesa de la guitarra eléctrica en los comienzos de 1991, Mauricio Rodríguez traspasó rápidamente los territorios del blues-rock en que se desplazaba siendo miembro de La Banda del Capitán Corneta, para instalarse como uno de los guitarristas de jazz más activos y sobresalientes del período. Presente en la escena del jazz de la transición, Rodríguez fue parte de la generación que expandió esta música hacia una nueva época en la composición moderna y la autogestión discográfica, representada en uno de los trabajos pioneros en este ámbito: el disco Datriza, que produjo en 1998 con su primer conjunto como líder, Almendra Trío.
Guitarrista de jazz-rock y fusión, Juancristóbal Aliaga es solista, compositor y líder de proyectos de diversa consideración y estructura, elencos a los que denominó Cachai?? y con los que editó los discos de su primera época como solista. Hijo del percusionista de Congreso y a la vez baterista de Fulano Raúl Aliaga, tuvo formación en la escuela de música estadounidense de Berklee, tanto en su sede central de Boston como en la de la ciudad española de Valencia.
Argentino de nacimiento, aunque con una vida en Chile, el guitarrista Federico Dannemann es uno de los músicos de jazz más relevantes en la historia que se inicia con el siglo, si bien apareció en el circuito del Club de Jazz como un músico adolescente en 1995, tal como antes había ocurrido con el también guitarrista Pedro Rodríguez. En esos primeros tiempos fue un joven cultor de las escuelas del jazz tradicional, pero conforme avanzó la década de los 2000, Dannemann llegaría a montar proyectos de jazz contemporáneo de alto alcance, con tríos, cuartetos y quintetos, donde apareció como un solista excepcional. Su consolidación como compositor, arreglador y orquestador llegaría entonces con creación del Ensamble Quintessence en 2005, junto a Roberto Dañobeitía.
Conocido principalmente como integrante del grupo de jazz fusión La Marraqueta, Andrés Pollak es pianista, compositor y productor en diversos campos de la música, aunque desde la posición creativa con aquel conjunto que confundó en 1992 ha dejado sus señales en la autoría de una música de marcada sofisticación. Sin álbumes solista pero con un catálogo amplio de composiciones para piano y para el ensamble, Pollak es además uno de los músicos que primero tuvo experiencia de formación en Berklee. En esa historia aparecen también distintos momentos como pianista y tecladista de grupos tan disímiles como Los Trapos en los '70, Cometa en los '80 y la reunión de los Blops en los 2000.
Después de la marca que definió la cantante norteamericana Danielle Gilson en Chile, la mayor continuadora en la interpretación de un antiguo repertorio de standards, baladas y canciones populares americanas del período clásico del jazz ha sido la actriz Bárbara Wilson, quien apareció en una escena poblada de jóvenes solistas vocales a fines de los años 2000. Egresada de Teatro de la Universidad de Chile se hizo cercana al pianista Giovanni Cultrera, quien la integró a las temporadas de jazz clásico en el subsuelo del Mesón Nerudiano, donde compartía con el saxofonista alto Alfredo Espinoza. Wilson tomó vuelo rápidamente en la consecución de una línea de estilo muy acentuada por sus histriónicas performances en vivo. Pronto apareció como cantante principal en conciertos de club, primero en Thelonious de Bellavista con otros maestros del swing, como el guitarrista Fernando Otárola, y luego en escenarios como el Club de Jazz, donde reclutó a músicos emergentes hacia 2009: Diego Riedemann (guitarra) o Edgardo Parraguez (piano).
El año 2003 Los Tetas grabaron un dúo con Germaín De la Fuente y ese encuentro fue la base del proyecto The Black Angels. El cantante Camilo Castaldi, se acercó a partir de entonces a la música de Los Ángeles Negros, redescubriendo su potencial funk, y así comenzó a fraguar, en sus palabras, “la idea de merodear los coros de Los Ángeles Negros con mis propias historias”. Junto al guitarrista de jazz Nicolás Vera, su compañero en Criminal Jazz, y la aprobación del autor Orlando Salinas, el 2015 obtuvieron un Fondo de Cultura para hacer el disco Canción negra. Allí plasmaron diez canciones de Los Ángeles Negros con una base instrumental dirigida por Vera, que convocó varios invitados, como Paz Court, Panty (de La Habitación del Pánico) , y músicos de Los Tetas como Rulo y Cee-Funk. El rapeo de Castaldi, con sus propias letras, dio el sello final al disco, que fue lanzado a fines de 2016.
Como intérprete del bajo tenor de cinco cuerdas, Daniel Gazmuri ha observado las raíces de la música latinoamericana desde los formatos y las herramientas del jazz en una fusión personal, sureña desde su sentido más arraigado, posible de apreciar en su primer álbum, Camino (2020). Allí lideró un cuarteto con los hermanos jazzistas Mauricio Rodríguez (guitarra) y Daniel Rodríguez (batería), además de la cantante Javiera Abufhele.
Osvaldo Martínez, conocido en los círculos musicales del sur como Chalupa, es uno de los representantes más históricos del jazz sureño. Por cinco décadas se mantuvo activo como baterista en la ciudad de Valdivia, donde fue testigo del transcurso del tiempo, las evoluciones e involuciones de la música lejos de la capital, y del terremoto y el maremoto que destruyó su ciudad natal en 1960. Pero además fue un ferviente animador de esa escena jazzística, y reconocido allí como referente. Víctima de un accidente cerebrovascular falleció el 9 de agosto de 2011, el mismo día en que había nacido, en 1940.
Entre la avanzada de jazzistas chilenos instalados en Europa que han comandado desde los años '80 el contrabajista René Sandoval en Suecia y el pianista Pablo Paredes en Alemania, está el tenorista Claudio Werner. Un nombre no recurrente para el público nacional, sobre todo porque durante sus años en Santiago apareció como Claudio Rubio (no confundir con otro saxofonista tenor chileno que lleva el mismo nombre: Claudio Rubio). Fue en ciudades de residencia y actividad jazzística como Amsterdam, Copenhaguen, Londres, Newcastle o París que cambió su nombre a Claudio Werner (Claude Werner, para los europeos).
Un camino inverso a toda lógica describió esta orquesta de jazz creada en 2000 al interior del Instituto de Música de la UC. En la tradición del swing, un director de renombre audicionaba músicos para sus filas y los contrataba luego según sus requerimientos. En el caso de la Big Band UC, todo fue al revés. El vibrafonista Carlos Vera, quien actuaba en el grupo bop Nexus y además dirigía el docto Grupo de Percusión UC, fue convocado por un grupo de trompetistas y trombonistas clásicos que querían desdoblarse desde el repertorio sinfónico hacia el jazzístico, y necesitaban un batuta. Así fue como la big band consiguió a su primer director.
Emilio García es uno de los solistas de la guitarra eléctrica mejor dotados y más virtuosos en el campo del jazz-rock. Alcanzó prestigio e identidad como líder desde mediados de los '90, a la cabeza de poderosos tríos que lo llevaron a ser el heredero de una atlética guitarra de fuerza rockera y aventura jazzística detrás de sus antecesores, Alejandro Escobar (líder de Quilín), Edgardo Riquelme (de Cometa y Alsur), John Clark (de Kameréctrica), Eduardo Orestes (de Ensamble) y Vladimir Groppas (de La Red).
La misma figura de la reducción de una orquesta moderna de jazz que pusieron en marcha los impulsores del Ensamble Quintessence en 2005 es la que tomaron los jóvenes músicos que fundaron el Ensamble Nodo. De hecho, este proyecto creativo, de composición, orquestación, narrativa y sonido se gestó a fines de 2013 como resultado de una convocatoria que el guitarrista Federico Dannemann, uno de los fundadores de Quintessence, realizó a compositores e intérpretes vinculados al jazz de los nuevos tiempos con miras a desarrollar un oficio en un marco académico. De esa experiencia se configura el Ensamble Nodo (el nodo como "punto de encuentro"), en una articulación de diversos sonidos, considerando un frente de vientos (saxos alto, tenor y barítono, trompeta, trombón), y otro frente de armonía y ritmo (guitarras, piano, contrabajo y batería), solo con músicos que comenzaron a tener visibilización en la primera parte de los años '10. Su primer disco es simbólico en cuanto a fondo y forma: Taller 1 (2017).
Mitchel Urrutia ha sido uno de los saxofonistas de jazz con mayor conocimiento en el trabajo de bloque y el lenguaje del swing orquestal. Pertenece a la generación de la década de 2000, aunque se inició a fines de los ’90 como un nóvel hombre de la primera de sus orquestas, la Los Andes Big Band (1999), dirigida por el trompetista Santiago Cerda. Desde esa fila, en la que llegó a convertirse en el primer saxo alto, su instrumento principal, Urrutia se diversificó en big bands de todas las líneas y en registros del saxofón que incluyen el soprano y el tenor.
Autor del “Método de batería del sur del mundo” (2008), el baterista y compositor Manuel Páez aparece en un frente de músicos contemporáneos con estudios académicos que han atravesado la frontera de la música formal y sistematizada para establecer un encuentro con la música folclórica de la tradición oral. En su caso, desde una posición de jazzista, Páez comparte esa propuesta con músicos como el bajista Pablo Lecaros, el pianista Pablo Paredes, el saxofonista Felipe Martínez, el guitarrista Ankatu Alquinta y el bajista Marcelo Aedo, en cuyo cuarteto de fusión tocó la batería.