Fusión étnica
Cruces culturales y viajes a través del mundo han propiciado el nacimiento de la fusión étnica, una música moderna basada en los influyentes conceptos de mestizaje y globalización en el fin de siglo. Instalado en un contexto chileno, el término involucra dos orientaciones musicales que en el primer mundo fueron conocidas como world music y new age. Mientras la primera (músicas del mundo) rescata instrumentos vernáculos y ritmos folclóricos de distintas latitudes, a menudo músicas muy exóticas, la segunda (nueva era) se orienta a la creación de música de atmósferas, ambiental, reflexiva e incluso terapéutica, a partir de teclados. La fusión étnica, entonces, agrupa ambas líneas y en Chile se ha desarrollado con fuerza y presencia desde los años ’80, a través del trabajo de compositores y agrupaciones que han descubierto en África, India, Medio Oriente, el mundo celta o el mundo mapuche sus inspiraciones.
Vivir y haberse educado musicalmente en Santiago de Chile no le impidió a La Mano Ajena proponer un sonido influenciado por raíces tan distantes geográficamente como los sonidos tradicionales de los Balcanes y del pueblo gitano. La música klezmer y romá figuran así como fuentes importantes en la nutrición de este conjunto que trabajó con constancia durante más de quince años, y que legó cuatro álbumes y shows de energía inolvidable para quienes los atestiguaron.
La música instrumental fue punto de partida y punto de llegada de Catalina Claro, una promisoria concertista de piano especialista en Mozart y compositora de música incidental, música funcional y orquestadora. Pero a la hora de desarrollar una historia discográfica, estos métodos quedaron supeditados al peso de la canción pop. Catalina Claro fue parte de un proceso de mezclas y fusiones que después de mucho camino recorrido desembocaron en un álbum como Canto por si acaso (2008), con melodía, ritmo, estrofa y estribillo.
Eduardo Balász Tagle es un nombre múltiple en una comunidad de la música chilena próxima a la world music y la new age. Tomó el nombre espiritual de Sat Shabd Singh, entregado por el Yogi Bhajan cuando se inició en sus estudios para convertirse en instructor de Kundalini Yoga. Como Sat Shabd Singh ha explorado en sus discos la herramienta del sonido y sus frecuencias audibles y vibraciones como música para meditación, relación y sanación. Sus trabajos en esta línea son Inspirations from the universe (2002), Guru (2007), Hipnoterapia (2008) y Ardas (2013). Además es ingeniero de sonido, productor discográfico y de conciertos, musicoterapeuta y melómano fundador de la disquería Musicland.
Con kultrún en mano y a viva voz, la figura simbólica de la ülkantufe —"la que hace el canto tradicional de la tierra", en una traducción aproximada desde el mapudungún— ha representado la historia de Elisa Avendaño Curaqueo. Mujer mapuche, cultora, investigadora y transmisora de diversas sabidurías de su pueblo desde la década de 1990, su trabajo silencioso aunque resonante llegó a conocerse en Europa y Latinoamérica antes que en Chile, y le valió el Premio Nacional de Música en 2022. El acontecimiento, entonces, fue un absoluto quiebre en la hoja de ruta de un galardón que por ese tiempo se debatía entre la música de tradición escrita y la música popular. Elisa Avendaño Curaqueo abrió así un nuevo borde, al poner a la vista la música de los pueblos originarios.
El de Jacqueline Fuentes es otro de los nombres de músicos chilenos que se han abierto caminos fuera de Chile gracias a las sonoridades latinoamericanas fusionadas entre sí y con otras influencias, que en el caso de esta cantante y compositora incluyen el folclor y la música clásica. Radicada desde 1995 en Los Angeles, California, ha grabado dos discos y sus canciones han sido antologadas en el catálogo del sello de músicas del mundo Putumayo en EE.UU.
Formado en su origen por jóvenes estudiantes de la U. Católica de Valparaíso, Ajayu se consolidó como ensamble acústico de fusiones diversas, que tomó su nombre de la imaginería del mundo aymara: Ajayu es "alma" o "espíritu", voz que vincula su propuesta con una sonoridad "cercana a lo inmaterial, a lo imaginable y a lo que es difícil de situar en un lugar", según describen sus integrantes. En una formación de septeto, o bien sexteto, Ajayu avanzó en ese camino, incoporando primeramente instrumentos de ese mundo andino, como la quena y el sikus, además de sonidos de una tradición clásica europa, como el chelo, el clarinete y la flauta traversa. Ello lo situó en una línea extendida de propuestas musicales de ensambles surgidos en los años '90, como Transiente en Valparaíso y Entrama en Santiago.
El grupo de música de fusión africana Baobab, también conocido como Cantos del Baobab durante su primera época, es el resultado de un largo proceso de investigación de las músicas tradicionales y populares de diversas regiones del continente negro, pródigo en canciones, ritmos y el uso de tambores. Parte de este trabajo ha quedado expuesto en sus discos editados por el sello Mundovivo, Cantos del Baobab (2011) y Nimba (2014). La experiencia de Boabab vino a abrir el ángulo de observación de una música de raíz africana, con proyectos diversos que van desde Orixangó a Newen Afrobeat.
Detucunaatutumba es una expresión que representa el trayecto de una vida completa, "desde la cuna hasta la tumba". Fue uno de los proyectos presentes alrededor de las músicas del mundo en los años '90, formado por el percusionista Juan Gronemeyer (integrante de LaFloripondio y Chico Trujillo) y el multi-instrumentista e investigador Rodrigo Aros Gho. Detucunaatutumba ha sido presentado como una plataforma de etnomusicología autodidacta alrededor del concepto de "música terrestre", por su conexión con los pueblos tradicionales en una múltiple presencia de instrumentos de todo tipo y su "olor a tierra".
Mauricio Garay Cid es un solista de la guitarra de fusión contemporánea, línea que tiene activos nombres en distintos territorios musicales como los de Alberto Cumplido, Andrés Condon, Daniel Delgado y Juan Antonio Sánchez. A sus estudios de las guitarras clásica y flamenca, Garay Cid añadió una propuesta nueva, fundamentalmente sostenida en la luthería que él mismo diseñó, fabricó e incluso promovió en distintos lugares del mundo: la vihuela andina. A través de este sonido que une tradiciones europeas y sudamericanas desarrolló su trabajo como concertista en Chile, después de veinte años de vida y música en la ciudad de Gotemburgo, Suecia.
Alexandros Tefarikis es un solista de la guitarra contemporánea que ha abarcado distintas líneas e influencias, desde la música docta al rock y desde la música latinoamericana a la mediterránea. Su posición de estilo se ubica en un punto intermedio entre las guitarras de Emilio García (rock) o Andrés Condon (new age). Además ha sido conocido por su liderazgo en el grupo progresivo Ergo Sum en los ’90 y por el trabajo de creación de música acústica para guitarras y para bouzuki griego, el instrumento que lo conectó con sus raíces helénicas.
Junto con Nicolás Vera (n. 1980) y Cristóbal Menares (n. 1979), Gabriel Feller integra una nueva tríada de guitarristas del jazz moderno iniciados en la década de 2000. Su presencia sonora, nivel técnico y capacidad de congeniar lenguajes de guitarra bop, swing, hot, blues, rock y funk lo han convertido además en un solista dúctil y demandado, aunque en un permanente plano de sobriedad y en una ruta de diversas colaboraciones que desembocó en 2008 en su primer quinteto personal. El que marcó la diferencia entre su antes y su después.
El universo de la música vinculada a la meditación, así como los géneros de la electroacústica y la new-age, tienen en Chile a Joakín Bello como un nombre ineludible. Su alta prolificidad en grabaciones y composiciones es una de las características de su trayectoria, que lo ha ocupado simultáneamente como compositor, poeta, escritor, investigador en terreno, profesor, intérprete de violín (también tiple, viola, piano y otros) y luthier (es su invento el bellectra, derivación del violín eléctrico). Su extensa obra incluye canciones, ballets, musicalización de poesía y otros diversos formatos instrumentales. Su disco Detrás del arcoíris (1987) fue un hito de divulgación internacional, por su fusión de música con sonidos de aves, mamíferos, agua y viento. Bello es un músico de citas internacionales frecuentes, que se ha presentado en el Teatro Colón de Buenos Aires, el Universal Amphitheatre de Los Angeles, el Teatro Nacional Heitor Villa-Lobos, de Brasilia y festivales de los cinco continentes.
La bitácora de viaje del grupo Congreso mantendrá por siempre un espacio reservado a la figura de Ernesto Holman, el bajista eléctrico que introdujo sonoridades modernas y nuevas propuestas no sólo al interior de este conjunto quilpueíno, sino entre una amplia comunidad de músicos de fusión que siguieron sus pasos. Holman abrió las posibilidades expresivas del llamado bajo activo a un grupo de solistas en las décadas de 1980 y 1990, demostrando que su instrumento no necesariamente debía estar relegado a una sección rítmica. Holman ha sido, además, un pionero en la inspiración de la música mapuche y militante de la "resistencia ternaria", una defensa aguerrida de los ritmos de la tierra.
Kalfu es una voz mapudungún que significa "azul", una palabra presente en la obra del poeta Elicura Chihuailaf, dada su jerarquía sagrada dentro de la cosmovisión del pueblo mapuche. Y Kalfu es el nombre de este conjunto de fusión latinoamericana que nació justamente tras el encuentro entre el autor mapuche y el profesor de música y compositor Jaime Herrera Andaur, quien fundó el grupo con sus hijos músicos para trabajar junto Chihuailaf en distintas obras. Esos trabajos consideran la obra sinfónico-coral "Cantata mapudungún" (2011), y una serie de musicalizaciones de sus poemas, que el grupo presentó en el disco Trawun = reunión (2017). La escencia del trabajo de Kalfu ha sido la puesta en relieve de la lengua originaria mapudungún, sus dimensiones poéticas y filosóficas, y sus alcances del uso en tiempos en que se le considera en vías de extinción.
Cultor de lo que se ha denominado "astroarte", Claudio Recabarren Madrid es un pianista, organista y compositor que ha explorado la música en contacto estético y ético con el universo. Suya es la propuesta de un piano bajo un insondable océano de estrellas, programática puesta en escena que ha llevado a distintos observatorios astronómicos en Chile y a planetarios alrededor del mundo. Su obra alcanzó en 2020 un punto cúlmine con la obtención del primer premio en el Festival Fulldome de Jena, en Alemania, con la música para la película Piano under the stars.
Inicinalmente un ensamble femenino de percusiones y cantos africanos, Mousso fue paulatinamente inclinándose hacia una propuesta musical sostenida no solo en esa cualidad femenina sino en el activismo de género y la disidencia. Mousso es una voz malinke, de las etnias mandingues de Africa Occidental, que singnifica «mujer». Desde esa posición marcó su entrada en una escena de mediados de los años '10, como núcleo de mujeres formadas en la Escuela Superior de Jazz. Sus primeros discos fueron Afro jazz (2018) y Raco (2021), con un carácter más próximo a las raíces latinoamericanas de la música.
Concebido por la actriz Celine Raymond y el músico Cristóbal Montes, Kali Mutsa es un proyecto musical de fusiones, a cuya génesis sonora acuden una multiplicidad de fuentes y estéticas: tradiciones gitanas, componentes electrónicos, influencias andinas y un especial cuidado en la danza y la puesta en escena. El año 2011 editaron un primer álbum, titulado Ambrolina. Todos los músicos se presentan con seudónimos, donde la actriz Celine Raymond (cuya imagen y voz es la eje del grupo) se presenta a sí misma como Kali Mutsa, envuelta en toda una mitología como historia.
Detrás de la marca genérica de Fernando Flamenco está el músico iquiqueño Fernando Lavín Mercado, uno de los guitarristas más narrativos y expresivos en este género de música andaluza incorporada al contexto chileno, junto con otros solistas como Andrés Hernández, Claudio Villanueva o Francisco García. La primera estación de su recorrido individual se llamó Guitarra pura, disco que Fernando Flamenco editó como parte de la generación de artistas del Sello Azul de 2013.
Antonio Monasterio es un nombre protagónico en la escena de las músicas creativas en Valparaíso desde fines de la década de 2000. Primero como fundador y compositor del conjunto de fusión Ajayu y luego como líder de sus propios ensambles, Monasterio definió música eminentemente acústica y provista de sonidos y colores diversos, en un sincretismo de lenguajes que obtuvo desde fuentes como el folclor latinoamericano, el jazz contemporáneo y las músicas del mundo. En este punto, Monasterio tomó protagonismo como intérprete del oud, o laúd árabe, que se escucha en álbumes suyos como Centro y periferia (2018) y Las furias y el mar (2023).