Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Marx Trío fue uno de los primeros conjuntos de un jazz vanguardista desde la estética del avant-garde neoyorquino de fin de siglo. En 1999 un absolutamente renovado guitarrista Pedro Rodríguez (La Banda del Capitán Corneta, Nexus) regresó al país después de dos temporadas de estudio en Nueva Jersey, con las novedades de ese movimiento articulado en Manhattan, conocido como la “escena del downtown”.
Cantante melódica e intérprete de boleros y swing, Andrea D'Arriarán pertenece a la abundante oleada de solistas de la canción que han sido formadas en academias como Projazz y la Escuela Moderna de Música, donde ella tomó algunos estudios. Entre esas voces que aparecieron a fines de los años 2000 están Natacha Montory, Karen Rodenas, Thais Marie, Maite Solana y Sofía Tupper, entre otras.
No sólo su nombre y presencia frente al micrófono del grupo experimental, rockero y subversivo Fulano marcó una línea de música en dictadura. También fue el enfoque vanguardista que Arlette Jequier le dio al canto popular el que instauró toda una escuela musical desde el underground. Ocurrió desde mediados de los ‘80, cuando el sexteto apareció por primera vez en universidades y subterráneos con esta joven cantante, y también en las décadas posteriores cuando dos generaciones de voces femeninas encontraron en Jequier un sello musical y una inspiración absoluta. Independizada después de 30 años, Jequier abrió otra rama del canto cuando inició su camino solista con una propuesta que ella definió como "la música de lo impermanente", representada en las canciones de su primer disco, Aire (2018).
Proveniente de una familia vinculada a la música docta, el Teatro Municipal y la Orquesta Filarmónica de Santiago, la cantante Ana María Meza abrió la paleta cromática para profundizar en algunas variantes de la música popular más allá de los territorios del canto lírico. Se transformó en una importante intérprete de jazz clásico y pop-jazz y de paso en una de las más activas maestras de voces, como lo había hecho previamente la legendaria Inés Délano.
Orión Lion es el nombre de batalla de Orión Morales, pianista, compositor, arreglador, líder de conjuntos, combos y ensambles y joven director de big bands, cuya música se movió principalmente por los lenguajes del latin jazz. Fue un activo gestor cultural e impulsor del festival Jazz por la Paz desde 2016, cita que trajo a Chile a figuras internacionales del jazz latino, además de académico adjunto en la bostoniana Berklee. Como nombre propio, también llegó a presentarse con su quinteto en el Festival de Jazz de Providencia en 2012.
El solo hecho de haber superado los 40 años de plena vigencia como núcleo indisoluble y de haber tenido en sus filas a algunos de los más importantes músicos del jazz de todos los tiempos (el trompetista Luis Huaso Aránguiz, el pianista Hernán Prado, el baterista Lucho Córdova y el clarinetista René Eyheralde) confirman la categoría de clásico adjudicada a los Santiago Stompers. Apenas unos pasos detrás de una Retaguardia Jazz Band orientada al estilo Nueva Orleans, los Stompers se establecieron como su “rival” por naturaleza, una banda hiperactiva, lúdica, popular y llena de altibajos, pero en definitiva el más importante proyecto cultor en Chile del dixieland de Chicago.
Marco Reyes es integrante de una familia de contrabajistas clásicos: su padre es el reconocido profesor José Miguel Reyes Roco y su hermano músico de la Orquesta Sinfónica de Chile José Miguel Reyes Salgado. Pero si bien el linaje musical se concentró en la música docta sinfónica, Marco Reyes cambió la norma y orientó su creatividad hacia el contrabajo jazzístico. En 1997 continuó en la ciudad de Graz sus estudios que había realizado antes en la Universidad Católica entre 1994 y 1995. A su regreso a Chile en 2009 se integró a la entonces muy nutrida escena de contrabajistas de jazz, que tuvo otros de esa generación: Nelson Arriagada, Rodrigo Galarce o Patricio Rocco, y los más jóvenes Pablo Menares, Alonso Durán, Pablo Vidal o Cristián Orellana.
El Kinteto Obrero es un quinteto de jazz mainstream, cultor de estilos que van desde el swing más tradicional y su repertorio standard norteamericano, hasta el hard bop más moderno. Se formó con músicos de la Quinta Región y ha trabajado también en torno a las composiciones del trombonista José Moraga (integrante de La Bandalismo), quien establece un tándem melódico con el trompetista Tomás Díaz. La sección de ritmo la conforman músicos de mayor trayectoria, como Gonzalo Palma (piano) y Carlos Rossat (contrabajo), que trabajaron juntos desde los tiempos del Valparaíso Jazz Trío, además de Ignacio Mena (batería). Su primer disco es Tijerales (2016), que propuso entonces lo que los músicos denominaron "un jazz porteño".
Saxofonista tenor principalmente, compositor y orquestador, el músico de origen argentino Alejandro Sánchez es parte de un capítulo de la historia del jazz chileno, sobre todo durante la década de 2010, cuando vivió en Chile, se vinculó a las escenas modernas de la música y terminó siendo decisivo a nivel editorial gracias a la puesta en marcha del sello discográfico Vértigo. Creado y gestionado por Sánchez, puso en circulación a una abundante cantidad de compositores de jazz pertenecientes a la generación de esa misma década.
El jazz contemporáneo, la raíz brasileña y otras variables de fusión latinoamericana han determinado los lenguajes de la fina guitarra de Gabriel Reyes, quien pertenece a una generación de solistas que aparecieron en la primera mitad de los años 2000: Cristóbal Menares, Nicolás Vera, Sebastián Prado, Armando Ulloa, Nicolás Yankovic o Gabriel Feller, con quien colideró un poderoso cuarteto post-bop a dos guitarras eléctricas. Su trabajo de creación de obras para ensamble de jazz moderno desembocó tiempo después, con el disco Trébol (2008), que Reyes editó con el sello Vértice Records.
Patricio Varela es un auténtico músico de cancha, tiro y lado, un pianista "canchero", formado en la gran variedad de ritmos populares, la música melódica y la música bailable que practicó en el bullente puerto de Coquimbo durante sus años de formación. Con el paso del tiempo devino en el jazz y desde Copiapó, la ciudad donde se radicó y donde escribió la mayor parte de su historia como pianista, compositor y profesor, puso en marcha sus proyectos propios. Su primer disco solista es Esencia (2018), el resultado de las experiencias y aventuras musicales que tuvo en ambas ciudades nortinas.
El quinteto jazz-rock y fusión de Valparaíso apareció a comienzos de los '80 para vigorizar la escena de bandas en la vanguardia del jazz eléctrico, con bandas como Kameréctrica (con el violinista eléctrico Roberto Lecaros), Quilín (con el guitarrista Alejandro Escobar), Cometa (con el baterista Pedro Greene), Alsur (con el guitarrista Edgardo Riquelme), y más adelante Trifusión (con el guitarrista Emilio García). Ensamble incluyó en sus filas al guitarrista Eduardo Orestes, al saxofonista Jaime Atenas, al tecladista Pablo Bruna, al bajista Carlos Martínez y al baterista Boris Gavilán. Realizó presentaciones en el entonces Teatro La Batuta en 1990, y en el centro Cultural San Martín de Buenos Aires en 1992. Editó el disco Sobre cordeles y bisagras (1990).
El pianista, compositor, productor y líder de proyectos Cristóbal Rey hizo un recorrido desde la música soul y funk de su juventud a la creación de una música acústica de cámara de inspiración latinoamericana en su primera madurez. Fue alumno de piano del jazzista Mario Lecaros y en esa primera edad, con los modelos de agrupaciones de acid jazz como Incognito o Brand New Heavies, Rey encabezó el grupo Octopus King. El nombre es una representación de su propia identidad, ya que Rey era conocido como Pulpo (la traducción al inglés de Pulpo Rey define esa marca).
Andrea Pérez tuvo una breve figuración en la escena del jazz clásico en los 2000. Apareció como una de las lady crooners al alero del pianista Moncho Romero durante la temporada de swing y voces en El Mesón Nerudiano de 2003. Ella formó parte de la generación de solistas que recuperaron la figura de la voz melódica y el viejo cancionero standard: Myriam O, Rodrigo González, Alexandra Inzunza e incluso una experimentada maestra de canto como Ana María Meza.
Una historia de múltiples variantes musicales instalan al tenorista Cristián Mendoza como un exponente muy particular en la escena del jazz chileno. Su doble militancia en las escuelas de Miguel Villafruela (música contemporánea) y Marcos Aldana (jazz moderno), le dieron una categoría única en técnica y lenguaje, transformándolo en definitiva en uno de los más fuertes, agresivos y arrolladores solistas del bop en los 2000.
Tanto la partida definitiva del saxofonista Raúl Gutiérrez a La Habana, llevándose en la maleta a una big band completa (Irazú) como el arribo del pianista cubano Juan Manuel Arranz a Chile, posibilitaron que una nueva orquesta latin jazz viera la luz entre todas las grandes agrupaciones universitarias cultoras del swing. El Ensamble Latinomoderno vino a instalarse en el espacio que dejara Irazú en 1998, a convocar a nuevos músicos para sus secciones de bronces y ritmos, y a proyectar el lenguaje del jazz latino desde la plataforma orquestal.
Diez años de estudio y acción en los circuitos europeos de la música popular no pueden pasar por el costado. Para cuando Nelson Arriagada regresó a Chile en 2003 arribaba un músico muy distinto al aquel bajista eléctrico de La Banda del Capitán Corneta de la primera mitad de los '90. Convertido en un dinámico y polivalente contrabajista de jazz, se insertó en el medio multiplicando por varios números su presencia en el bop y utilizando además técnicas de mano izquierda que había adquirido como cellista clásico. Sus walking basses desplegados a cuatro dedos fueron una de las marcas personales de Arriagada.
Con una formación clásica en las percusiones de parches y de teclados, Mauricio Gallardo dio un paso hacia una creación de mayores horizontes que solo la música de cámara contemporánea. Como vibrafonista transitó entonces entre la música docta, el jazz contemporáneo y la fusión de elementos provenientes del folclor chileno, lo que en cierta medida lo emparentó con el pionero de la transformación del vibráfono Guillermo Rifo, quien fue uno de sus maestros. Como compositor y líder de proyectos, Gallardo puso en marcha estas ideas a partir de su álbum Trazo (2022).
La vida de la pianista, cantante y compositora Tania Naranjo ha transcurrido principalmente en la ciudad de Malmoe, en Suecia, donde en 1996 completó sus estudios de piano clásico y se convirtió en una destacada concertista. Pero en simultáneo, y echando mano de las influencias musicales que llevaba desde Chile, Naranjo ha concretado una propuesta compositiva que une aspectos de la música docta europea y la música popular, representada tanto en el folclor latinoamericano como en el jazz y sus lenguajes modernos. Es un enfoque que quedó reflejado en el disco La industria del miedo, la primera de sus grabaciones realizadas en Suecia.
Claudio Rubio es nombre central en una generación de músicos que marcó una época nueva para el jazz, desde la creación, la composición, la gestión y la proyección. Nombre propio y eslabón entre generaciones de dos momentos, Rubio fue un joven saxofonista tenor a fines de los '90 surgido desde los talleres de Marcos Aldana, pero alcanzó estatura sideman y como líder en simultáneo a partir de los 2000, con la influencia primera de tenoristas como Sonny Rollins, Charlie Rouse y Wayne Shorter, aunque más adelante con la de compositores como Lennie Tristano. Junto con David Pérez y Agustín Moya, Rubio fue uno de los tres saxos tenores de ese primer perído del milenio y ya avanzados los años desarrolló una serie de trabajos creativos centrados en la figura del quinteto.