Jazz
Aunque nacido en Estados Unidos en el profundo albor del siglo XX, el jazz se ha convertido en una de las músicas más universales de los tiempos modernos y su lenguaje rítmico y libertad expresiva ha sido asimilada por músicos de todas las latitudes y todas las épocas. Su categoría mestiza confronta la instrumentación, la melodía y la armonía de la música europea con el ritmo, el fraseo y el alma del blues, que a su vez proviene de la música africana. Conducido por un elemento intangible llamado “swing” y reinventado en cada interpretación por su carácter improvisacional, el jazz tomó el control de la música en Nueva Orleans, la cuna del jazz, y luego en Chicago, Kansas City y Nueva York, la capital del jazz, atravesando las décadas con un sinnúmero de estilos subsidiarios que explican el nacimiento de escuelas y estéticas: ragtime, stride o hot jazz en los primeros años, swing, bop, cool y third stream en una edad mediana, free, avant-garde y fusión en los tiempos modernos. Un cuadro de honor del jazz se ilustra con creadores universales, que son además los principales referentes de la historia: en la tradición están Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y Duke Ellington y en la modernidad Charlie Parker, Miles Davis y John Coltrane.
Si bien como intérprete de standards Nicole Bunout formó parte de la llamada "nueva ola del jazz vocal" a mediados de la década de los 2000, su proyecto creativo en la música autoral se ha enfocado en la canción folk con una inspiración en la música latinoamericana, que diez años después de su aparición en esa escena jazzística la llevó a publicar su primer cancionero propio en el disco Crisálida (2014).
Contrabajista, compositora, improvisadora y experimentadora en varios frentes musicales, Amanda Irarrázabal ha sido un nombre de la música experimental, desde su formación como intérprete clásica, el jazz contemporáneo y la improvisación libre, hasta la autoría de canciones que plantean una discusión acerca de lo que convencionalmente se entiende por canción. Dicha propuesta quedó establecida en el tal vez más autoral de todos sus trabajos, un álbum grabado en México con el título de Caudal (2020). Antes de ello, desde luego, Amanda Irarrázabal dejó registrados una serie de discos colaborativos, sobre todo de improvisaciones con solistas en Europa, Sudamérica y mayormente Estados Unidos.
Relativa y primeramente desconocido en los circuitos del jazz chileno Simón Willson hizo sus armas iniciales en Nueva York como contrabajista de jazz contemporáneo, parte de la armada de chilenos que ocuparon espacios en las escenas independientes allí, como los bateristas Rodrigo Recabarren y Vicente Atria. Pero Willson tuvo roce, incluso, con figuras de alto rango en la ciudad, como el guitarrista Bill Frisell, el tenorista George Garzone y el trompetista Dave Douglas, de quien llegó a integrar su sexteto. Y en una temprana y paralela práctica de liderazgo, ha coliderado agrupaciones jazzísticas de enfoque contemporáneo como Great On Paper, Family Plan y Earprint, con la que en 2016 obtuvo una distinción especial como debutante en los premios que otorga la National Public Radio Jazz Critics Poll.
Tenorista y sopranista pitrufquenino, Marcelo Moncada desarrolló su historia en el jazz de manera decisiva durante sus largos años como saxofonista en la ciudad belga de Amberes. Ahí llegó en 2002 para estudiar saxofón y luego formar sus propias bandas con músicos europeos. En ese desarrollo de extensiva evolución, Moncada comenzó en una línea musical próxima a Joe Lovano implementando tríos pianoless dentro del jazz contemporáneo, pero con el tiempo accedió a una narrativa propia cada vez más inmersa en el concepto del universo, el espacio y el tiempo, a través de diversos conjuntos de jazz avant-garde como su Space Quartet y tríos como Orbit, donde incorporó el uso de la electrónica. A ello, Moncada sumaría un proyecto estrictamente unipersonal denominado Travel Sax, con el que recorrió innumerables países junto a su saxofón eléctrico y dispositivos para tocar en solitario.
Tomando el apellido de su primer guitarrista, Felipe Sandoval, Los Temibles Sandovales es un elenco penquista que cultiva el estilo jazz manouche o jazz gitano, creado por el legendario guitarrista Django Reinhardt en Francia durante la década de 1930. El conjunto está formado por músicos de la ciudad, como César Arriagada y Elliott Poblete, en el rol de guitarras segundas, además de Camilo Morales (violín), Pablo Vidal (contrabajo) y Jorge Fierro (voz). Los Temibles Sandovales se han presentado en el Festival de Jazz de Concepción y en el Festival REC, y han actuado, incluso, en el Festival Django Argentina. Su primer disco es Los Temibles Sandovales (2016).
Trompetista formado en la modalidad clásica en la Universidad de Chile, que fue evolucionando hacia la improvisación y el jazz conforme se involucró la escena de estos músicos a partir de 2009. Alejandro Pino se inició como músico joven tocando entre 2001 y 2007 en el Orfeón Juvenil de Cañete, donde nació y creció, hasta que se trasladó a Santiago para estudiar. Fue alumno del pianista Martin Joseph en sus talleres de música improvisada y luego se integró a su septeto Pacific Ensemble, que grabó el disco Roundabout (2015). Además ha sido sideman de los guitarristas Diego Farías, Tomás Gubbins y Nicolás Reyes, integró el octeto del baritonista Pablo Jara y como músico del Ensamble Quintessence grabó el disco Décimo (2015). En una ruta de colaboraciones y cruces, Pino tomó posición de colíder en una secuencia de trabajos iniciado en 2016 con Atmósfera, y en 2019 con Estratósfera, dúos junto al pianista y cercano colaborador Valentino Baos. Luego continuó con discos como Desde el centro (2021) y Camino - origen (2025), junto al guitarrista Sebastián Pan. En 2026, Alejandro Pino editó La nueva semilla, su primer álbum como líder de un cuarteto al que presentó como Semijazz y donde él incorporaba a la música de jazz contemporáneo elementos procedentes el rock, de la música popular chilena, la música docta e incluso de la música urbana.
Un experimento sin precedentes en la historia del jazz chileno condujo Gerhard Mornhinweg, un cornista clásico de la Universidad de Chile reconvertido en trompetista swing, cuando se decidió a diseñar y desarrollar en 1994 su proyecto educativo: la Conchalí Big Band. Un prototipo de la primera orquesta de jazz formada sólo por adolescentes, establecida Conchalí, una de las comunas más populares y con mayor índice de riesgo social.
El encuentro entre Camilo Castaldi, rapero del grupo Los Tetas, y el guitarrista de jazz Nicolás Vera, uno de los fundadores del sello Discos Pendiente en 2010, posibilitó el armado básico de este proyecto nutrido de influencias diversas: desde el funk duro hasta el jazz eléctrico y el rap. Durante ese año, Criminal Jazz, una forma de ilustrar el “asesinato” de los preceptos, trabajó en repertorios nuevos, con letras de Castaldi y música dirigida por Vera. Convocó a otros jazzistas de la escena, como Agustín Moya (saxo tenor), Eduardo Peña (bajo) y Julio Denis (batería), e incluyó a voces invitadas como Rulo Eidelstein y Paz Court. Su único disco, Criminal Jazz (2011), apareció en forma paralela al reencuentro de Los Tetas.
El nombre del guitarrista Paulo Alexandre Paranhos de Almeida aparece en la escena de la música popular y de fusiones a partir de la década de 1990. Profesor, investigador, solista, sesionista, compositor y productor, contribuyó al conocimiento de diversos ritmos de su Brasil natal. Paranhos se mueve entre músicas muy amplias, el jazz, la samba, el choro, la MPB, la fusión, el pop y el rock.
Carlos Saunier es un guitarrista de jazz contemporáneo que tuvo su estreno en 2017 con el disco Inminente, un trabajo de depurado concepto en la composición y en el sonido. Con las influencias de músicos de jazz fusión como Christian Gálvez y sobre todo Jorge Díaz, se incorporó a esta línea estética liderando un cuarteto donde figura el tenorista Claudio Rubio y con el que su música se movió entre la fusión, la new age y el rock. También productor y con conocimiento en ingeniería de sonido, Saunier es parte de la generación de gutiarristas que debutaron en el disco a mediados de los años '10: Nicolás Reyes, Italo Aguilera, Tomás Gubbins y Cristóbal Piña, entre otros solistas.
Desde la gestación del grupo Motuto, con el saxofonista alto Ignacio González y el trompetista Cristián Cuturrufo, que no aparecía un combo latin-jazz tan fuertemente establecido. Sólo el conjunto Mamblues, organizado en 2000 por el vibrafonista Carlos Vera avanzaba en una línea similar. Pero mientras éste iba hacia la música californiana de Cal Tjader, Akimbao ponía la mirada directamente en el jazz afrocaribeño de músicos como Gonzalo Rubalcaba. Tuvo una vida intermitente, aunque sería finalmente el espacio para el surgimiento del pianista Mario Feito como músico de jazz.
El cerebro y motor del grupo nu jazz Alüzinati fue un agudo conocedor de los teclados setenteros, y seguidor de músicos funk como Herbie Hancock o Bernie Worrell. Toda una estética que se vio reflejada en sus composiciones para Alüzinati. Sin embargo Ariel Pino arrastra una trayectoria como pianista de jazz en ese circuito desde mediados de los '90, que a la larga lo transformó en un teclista ambivalente: en el swing con el piano Steinway, y en el groove para los pianos Rhodes, Hammond y Clavinet. Su manejo de estos sonidos electrónicos y lenguajes lo llevaron a integrarse al Ángel Parra Trío en 2013.
Proveniente de una familia vinculada a la música docta, el Teatro Municipal y la Orquesta Filarmónica de Santiago, la cantante Ana María Meza abrió la paleta cromática para profundizar en algunas variantes de la música popular más allá de los territorios del canto lírico. Se transformó en una importante intérprete de jazz clásico y pop-jazz y de paso en una de las más activas maestras de voces, como lo había hecho previamente la legendaria Inés Délano.
Pianista de jazz contemporáneo, Tomás Rivera tiene la particularidad de haberse iniciado tardíamente no solo en el jazz sino en el piano. Al cursar el cuarto año de su carrera de Derecho, decidió finalmente abandonar la idea para convertirse en músico. Pese a que tuvo contacto con músicos como Sebastián Castro y Claudio Rubio, nunca alcanzó a actuar formalmente en clubes locales de jazz y en 2015 se mudó a Lyon, Francia, para comenzar sus estudios en un conservatorio. En 2019 se trasladó a Bruselas, Bélgica, para continuar este adiestramiento. Esa experiencia desembocó primeramente en la grabación del álbum Ceguera colectiva (2021), a la cabeza de un piano trío con músicos de la escena belga. A Chile regresó para tocar un par de veces en Thelonious, utilizando como sidemen a los músicos del trío del pianista Joaquín Fuentes, y más adelante con su elenco de jazzistas franceses.
Sostenida en la dirección musical y el moderno arreglismo del pianista de jazz Gabriel Paillao junto con los dinámicos textos del rapero Matiah Chinaski, vinculado al colectivo Mente Sabia Crú, La Brígida Orquesta hizo su aparición en la escena subterránea de la música a fines de los años '10, con una propuesta de rap y sección de vientos, reproduciendo en su frente las filas de una big band, con trompetas, trombones y saxofones. Con una mayoría de integrantes provenientes de la Conchalí Big Band, además de agrupaciones como Newen Afrobeat y Cómo Asesinar a Felipes, La Brígida Orquesta se proyectó a lo largo de una década como un emblema en la música de las periferias y la resistencia.
Juan Pablo Jaramillo es uno de los bateristas de jazz más visibles y activos en la generación de 2010. Su aparición en la escena vino a ampliar esa panorámica, en un campo donde a lo largo de todas las épocas habían existido sobresalientes cultores y exponentes. Lo hizo con una múltiple militancia en conjuntos y grabaciones de discos, y mediante una dinámica percusiva propia como un baterista que navegó por la corriente principal del jazz. Esos resultados comenzaron a apreciarse en el inicio de esa década, en el álbum Memorandum (2011), con Jaramillo como nuevo nombre e integrante del trío del pianista Valentino Baos.
El solo hecho de haber superado los 40 años de plena vigencia como núcleo indisoluble y de haber tenido en sus filas a algunos de los más importantes músicos del jazz de todos los tiempos (el trompetista Luis Huaso Aránguiz, el pianista Hernán Prado, el baterista Lucho Córdova y el clarinetista René Eyheralde) confirman la categoría de clásico adjudicada a los Santiago Stompers. Apenas unos pasos detrás de una Retaguardia Jazz Band orientada al estilo Nueva Orleans, los Stompers se establecieron como su “rival” por naturaleza, una banda hiperactiva, lúdica, popular y llena de altibajos, pero en definitiva el más importante proyecto cultor en Chile del dixieland de Chicago.
El más representativo de los bateristas de jazz de la generación de los '90 fue también una personalidad de la música pop como integrante de Los Tres, desde los profundos inicios del grupo en una rockera Concepción durante los '80 hasta su abrupto final en los conciertos de despedida en el Teatro Providencia y el subsiguiente álbum Freno de mano (2000). Pancho Molina tomó un camino propio en esa revuelta y se posicionó identitariamente como un músico de jazz ante cualquier otra cosa. Una vida de más de diez años en Boston y Nueva York marcaron entonces esa nueva categoría que obtuvo como compositor de jazz, y tres discos solista publicados en ese período confirmaron su estatus tras finalizar el trabajo al mando de su histórico grupo Los Titulares.
Kameréctrica es un quinteto de jazz fusión que alternó con varias agrupaciones afines en la década de 1980: Cometa, Ensamble, Alsur o Trifusión. Fue uno de los tantos conjuntos de jazz organizados por el músico Roberto Lecaros, quien había sido un importante impulsor en el Club de Jazz durante los años '70 en la sede de calle California, presentando diversos elencos para sostener su programación. Sin embargo, Kameréctrica se instaló como un proyecto más definido y decisivo, y fue resultado directo del tiempo en que el músico estuvo detenido durante la dictadura. En su recuerdo durante esos días de miedo e incertidumbre, la música del violinista de jazz fusión Jean-Luc Ponty resonó en su cabeza. En 1986 creó este grupo, con un nombre como juego de palabras entre la música de cámara y el jazz eléctrico que dominaba esos tiempos. Fue entonces una primera plataforma para Roberto Lecaros como líder y la posibilidad de tocar el violín eléctrico, y de paso se convirtió en un conjunto escuela. Si bien contó con músicos de trayectoria como el baterista Tilo González o el guitarrista John Clark, mostró en el escenario a nombres iniciados en la fusión, como el pianista Pablo Paredes, el baterista Juan Coderch o los bajistas Marcelo Aedo, Patricio Aravena e Igor Saavedra. No dejó grabaciones ni registros fotográficos que se conozcan.
Desde la guitarra utilizada como una herramienta no convencional, Ramiro Molina ha sido uno de los solistas más comprometidos con la música liberada, un referente en este campo de la experimentación desde los comienzos del siglo. Compositor pero sobre todo improvisador, sus discursos acerca de la creación en tiempo real fueron definiéndose conforme avanzó el tiempo, primero desde el jazz de vanguardia con el grupo Fedón (1996), más tarde con el trío de experimental Turangalila (2001), y finalmente con sus diversos ensambles y asociaciones con diversos cultores de la improvisación que tuvieron espacio en Piso 3, gran epicentro capitalino de esta corriente, creado por el propio Ramiro Molina.