Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
Un camino de búsqueda, musical y filosófica, encauzado primero en los grupos Congregación y Sol de Chile, y más tarde en diversos proyectos a solas (bajo seudónimos como Awankana y Senchi) ha sido el de Antonio Smith. Su creación musical ha estado vinculada desde un inicio a un cuestionamiento más amplio sobre la vida, la trascendencia y la deriva humanista; y así ha quedado registrada en los discos grabados por él a lo largo de cinco décadas, principalmente en Argentina, donde llegó en 1973. Es música por completo ajena a la dinámica promocional, que, en palabras de su autor, conforma un lenguaje de síntesis y magia «para penetrar en las dimensiones ocultas de palabras simples».
Con el nombre musical de Somi Tax, un juego de palabras de lo que en rigor debería ser Tomi Sax, el saxofonista Tomás Corvalán propuso un cruce inusual entre el huayno frente al lenguaje jazzístico, desarrollando lo que él denominó "saxofón andino". Intérprete de diversos aerófonos del Altiplano y al mismo tiempo la gama completa de los saxofones, flauta traversa y clarinete, Somi Tax fue parte de la escena del jazz contemporáneo desde la década de 2010 con su fusión de mundos, expuesta en el disco Huaynitos del cerro (2023).
El paso como multi-instrumentista por agrupaciones de la música de fusión latinoamericana (Aranto, Bombyx Mori y Sur-Gente), además de colaboraciones múltiples con solistas, marcan el primer paso de Alejandro Soto. Sin embargo su carácter de moderno compositor para música popular definió mayormente su proyección en el tiempo, con presencia en la serie de piezas escogidas de los discos Música de este lado del sur en 2002 y 2004 (con “Tu vuelo inquieto” y “Entre dos caminos”). Eso hasta que una vez radicado en Alemania Soto inició en 2007 una ruta solista con su álbum de canciones de autor, Interiores, editado en 2008 y presentado en Chile en 2009.
Milena Araya tomó el nombre artístico de Milena Sax como el sello de un sonido y del instrumento con que se ha desenvuelto en la música popular, desde sus inicios como integrante de la Conchalí Big Band. Su música se ha vinculado al pop, al soul, al funk y al reggae. A los once años comenzó a tocar el saxo tenor en esa agrupación de músicos adolescentes y preadolescentes. Tras su egreso de la orquesta, Milena Sax se ha multiplicado en colaboraciones musicales como tenorista, sopranista y más adelante altoísta, pero también ha incursionado como corista y cantante principal, abordando un amplio rango de estilos que van desde el jazz hasta el hip-hop, desde el pop a la fusión y desde el funk a la fiesta latinoamericana. Sus colaboraciones más importantes en ese período fueron junto a los grupos Tizana y Manu da Banda, y como solista, cantante y compositora, Milena Sax ha publicado los discos Náufragos (2012) y Somos miles (2015).
Quinteto apegado a una canción de raíz latinoamericana y contenido «con sentido y razón», en palabras de sus integrantes. Desde una formación que privilegia arreglos de cuerdas, pausas y poesía original, sus composiciones transitan por el pulso de lo popular desde la conciencia comunitaria. El desafío, aseguran, es determinar «qué tipo de calidad nos ofrecemos nosotros mismos cuando nos regalamos música, y alrededor de qué música nos reunimos», en palabras de Gonzalo Ramos, su director, también integrante de Merkén. En 2024 presentaron su primer álbum, Si olvido mi nombre, un trabajo que, pese a su ligazón con la tradición, se permite innovaciones tales como una austera versión de un tema de Sui Generis y un cierre de dos voces a capella.
Trovador en lo más íntimo de su proceso creativo, el limachino Felipe Laborde ha expandido los matices de la música hasta convertirla en variante camerística, con sonidos nobles que superan el solo canto con guitarra y el cuatro, sus instrumentos principales. Un acercamiento a la música de raíces latinoamericanas y una mirada propia del puerto de Valparaíso han guiado su propuesta, desde que Laborde presentó en la Universidad de Playa Ancha el disco Son de colores (2014), donde reunió un trío de cámara con otros estudiantes de Pedagogía en Educación Musical: Venecia Cabezas (cuatro y cajón) y René Cortés (cello), compañeros de ruta en su primera época de cantautoría.
Sebastián Tato Seves es un nombre que aparece en varias historias de la música chilena. En primer lugar, es sobrino José Seves, de Inti Illimani, y es parte de dos grupos que, desde los años '90, contribuyeron a cimentar una nueva escena de música latinoamericana: La Comarca y Cántaro. Justamente con ellos se fue a Francia a mediados de los años 2000, y allá fue parte del colectivo La Bizikleta. A su regreso estuvo en la Orquesta Popular -proyecto donde tocaban ritmos latinoamericanos con letras contingentes- y debutó como solista, con el disco Tormenta 'e cuecas el año 2012. El 2017 resumió parte de su historia en un segundo disco, donde mostró nuevamente su sólido oficio de compositor, y se paseó por los distintos estilos de su carrera. Desde la trova al folclor latinoamericano, acercándose incluso a la balada.
El universo de la música vinculada a la meditación, así como los géneros de la electroacústica y la new-age, tienen en Chile a Joakín Bello como un nombre ineludible. Su alta prolificidad en grabaciones y composiciones es una de las características de su trayectoria, que lo ha ocupado simultáneamente como compositor, poeta, escritor, investigador en terreno, profesor, intérprete de violín (también tiple, viola, piano y otros) y luthier (es su invento el bellectra, derivación del violín eléctrico). Su extensa obra incluye canciones, ballets, musicalización de poesía y otros diversos formatos instrumentales. Su disco Detrás del arcoíris (1987) fue un hito de divulgación internacional, por su fusión de música con sonidos de aves, mamíferos, agua y viento. Bello es un músico de citas internacionales frecuentes, que se ha presentado en el Teatro Colón de Buenos Aires, el Universal Amphitheatre de Los Angeles, el Teatro Nacional Heitor Villa-Lobos, de Brasilia y festivales de los cinco continentes.
América Joven fue uno de los grupos ideados e integrados por el compositor Willy Bascuñán tras su salida de la exitosa experiencia en Los Cuatro Cuartos. Hubo diferentes etapas en su trabajo, gran parte del cual se desarrolló en España. Se trató de una pionera apuesta de fusión que trabajó entre Santiago y Barcelona, y en cuyos tres LP destacó un repertorio de autores sudamericanos con versiones novedosas y bien recibidas.
La Familia Bombo Trío ha sido una de las experiencias renovadoras durante la década de 2010 de aquella tradición del chinchín, culto de percusión creado en el siglo XIX en Santiago y Valparaíso y proyectado durante el siglo XX al estilo danzante. Aprendices de esa histórica escuela chinchinera, Gabriel Cárdenas y Pablo Vega tomaron los conocimientos directos del maestro Patricio Toledo Riquelme, El Pepa, que ofreció en 2011 en una clínica en la Escuela Carnavalera Chinchintirapié. Al elenco inicial de tres bombistas, que comenzó a actuar en el formato del pasacalle por lugares como Buin, Isla de Maipo o Pomaire, se sumó luego Isabel Núñez como bailarina remolinera. De este modo comenzaron como Familia Bombo Trío en 2012. Más adelante, fusionarían esa raíz chinchinera pura con elementos de la cueca e incorporaron instrumentos de otras tradiciones como la guitarra, el acordeón y el contrabajo, además del canto popular con la llegada de Marco Arias (de La Chimba Chilenera). Su primer disco es Tambor a cuestas (2017).
Intérprete y autora de canciones de raíz popular brasileña, Luca Mundaca conservó un pasaporte como el único crédito de que su nacionalidad es chilena. Nació en Concepción como Luca Hernández (cambió al apellido materno) y a los seis años llegó a la ciudad de Valinhos, en el estado de Sao Paulo, donde finalmente se abrió paso como cantautora moderna.
Más que solo un conjunto de música infantil, Volantín es una agrupación creativa multidisciplinaria que pone foco en la inclusión de los niños y su diversidad dentro de la sociedad, utilizando distintos dispositivos para la creación de un repertorio mano a mano con su público, por lo general perteneciente a la primera infancia. Volantín se nutre de los lenguajes del canto, la música, el teatro, la danza y el lenguaje de señas en partes similares, con una propuesta que se define como "un viaje por los paisajes culturales y sonoros de Chile y América Latina". Fue parte central en la puesta en marcha de la asociación gremial Crin Chile en la década de 2000, que reunió a creadores y trabajadores de la música para niños. En 2019 participó en el Encuentro de la Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña, realizado en Guatemala, y a lo largo de sus primeros diez años de historia publicó los álbumes que marcaron ese camino: Voy a cantarte un cuento (2014), con canciones basadas en cuentos tradicionales, Bello barrio (2018), la historia de un cité capitalino, y La plaza de los sueños (2024), con canciones sobre los derechos de los niños, que los músicos construyeron a partir de experiencias obtenidas en talleres.
Se iniciaron en 2007 con un nombre tan poco manuable como el de "Luis Advis, Cantata Rock Santa María de Iquique cien años después", con los músicos de Chancho en Piedra, Ismael Oddó y Caíto Venegas de Quilapayún, Camilo Salinas y Fernando Julio de Inti-Illimani Histórico". Pero luego su identidad quedó más clara: Colectivo Cantata Rock. Formado para recrear con nuevos arreglos el histórico disco Cantata Santa María de Iquique (1970), desde su estreno lo han seguido presentando ocasionalmente por más de una década, han agregado a sus presentaciones otros temas de la Nueva Canción Chilena, y han editado una canción original.
Creada y dirigida en la Universidad Católica de Valparaíso por el compositor y académico Félix Cárdenas, la Orquesta Andina vino a observar la música del cordón americano de la cordillera de los Andes que cruza el continente de norte a sur. Es un proyecto de expansión de las músicas de las raíces con la mirada del siglo XXI, a través de transcripciones de músicas originarias, adaptaciones de piezas de autores de la Nueva Canción Chilena y creaciones dedicadas especialmente a esta agrupación por los nuevos compositores doctos. En ese sentido, representa un ejemplo de la evolución de una propuesta de cruces iniciada en los años '60 por dos compositores clave: Luis Advis y Sergio Ortega.
A fines de los años '80, los hermanos María José y Tan Levine levantaron en María Sonora una combinación de ritmos latinos, hip-hop y secuencias electrónicas que resultó tan pionera como incomprendida. La disolución de ese dúo los alejó musical y geográficamente —él partió a Nueva York; ella se instaló en Tongoy—, pero el trabajo breve en Golosina Caníbal propuso una continuación temporal de aquel impulso previo. Como «trip-hop nativo» definieron los hermanos Levine su mezcla rítmica, plasmada en un único disco (Kru-da, 2000), parcialmente difundido en radios de la época por el cover para “De Coquimbo soy”, original de los Viking's 5. La rutina de María José en Tongoy (donde por entonces seguía estudios universitarios) y nuevos viajes de Tan al extranjero dificultaron la promoción de un disco que merecía mejor suerte, y que quedó como testimonio pionero de un sonido que vino a masificarse en el país algo así como un lustro más tarde en la llamada nueva cumbia chilena.
Bajista de rock, jazz y fusión, Felipe Catrilef tuvo su primera experiencia musical determinante cuando el célebre bajista eléctrico Christian Gálvez, entonces profesor en la universidad, lo invitó a integrarse su quinteto de jazz rock que grabó el disco Cinético (2010). Catrilef integra una tríada de solistas del bajo activo que recorrieron la fusión al finalizar la década de los 2010 a través de discografías propias, junto a Matías Martinoli y Luciano González.
El guitarrista Fernando González no sólo es el mayor de los hermanos que fundaron Congreso en Quilpué en 1969. También es el autor y musicalizador de algunas de las más recordadas primeras canciones del grupo en los tiempos de advenimiento y consolidación del rock folclórico. “Vamos andando mi amigo”, “¿Cómo vas?”, “Tus ojitos”, “El oportunista” o “El cielito de mi pieza”, además de la orquestación de los textos de Pablo Neruda “Maestranzas de noche” para banda eléctrica e instrumentos andinos, le pertenecen a Fernando González.
El hecho de que los integrantes del sexteto de cueca urbana hayan sido estudiantes universitarios de música, musicología y sonido, define la posición que Los Príncipes tuvieron en la escena de la cueca una vez iniciado el rescate de esta música hacia mediados de los ’90 por grupos como Los Santiaguinos, Los Trukeros y también por el grupo de rock Los Tres.
En paralelo a su trabajo junto a Los Jaivas, hacia el año 2010 el guitarrista Ankatu Alquinta comenzó a trabajar en varios proyectos vinculados al jazz. Todos ellos, al final, derivaron en Chilatin Beats, camino de fusión electrónica y sonidos latinoamericanos que, hacia el comienzo del año 2011, se consolidó con la sociedad del músico electrónico Dorian Chávez, DJ de dilatada trayectoria.
Percusionista, compositor, líder de agrupaciones, investigador y recopilador del folclor, bailarín de fiestas religiosas pampinas, el iquiqueño Cristian Hueo Sanhueza, o también Huevo Sanhueza, ha tenido protagonismo desde mediados de los años '90. Primero como parte de la compañía Teatro Mendicantes, que exploró el campo del teatro callejero, y luego como fundador de la Banda Conmoción, elenco que marcó un antes y un después en la introducción de la música de bandas de bronces y de los carnavales nortinos que se escuchó en la gran ciudad. Tras su salida de la Conmoción en 2014, Sanhueza regresó a Iquique para poner en marcha su plataforma de creación y gestión, que él llamo Tambobrass, y desde la que produjo los discos Sociedad Religiosa Gitanos Santa Rosa – 50 años (2015), una primera experiencia de rescate patrimonial iquiqueño, además de sus trabajos creativos personales Tambobrass acústica (2016) y Circo Océano. Los números nunca vistos (2016), con la música escrita para la obra teatral del mismo nombre, realizada por la compañía En la Cuerda.