Folclor
Entendido en contextos locales, folclor proviene del concepto anglosajón impuesto a un fenómeno de música vernácula. El vocablo folklore (donde folk es pueblo y lore, su sabiduría popular) tiene un sentido purista: designa al sujeto original de la tradición, previo a toda interferencia urbana. Por esta condición previa a la industria, los cultores genuinos que grabaron discos en Chile son escasos y corresponden en exclusiva a cantoras campesinas de rodeo, como las incluidas en el disco Aires tradicionales y folklóricos de Chile (1944) editado por la Universidad de Chile. La industria musical empleó este término para designar, por sentido común y por desconocimiento de los cultores originarios, lo que desde un punto de vista urbano ha sido considerado "folclor": figuras de la música típica urbana o recopiladoras. Pero según la nomenclatura son definiciones distintas: los sujetos que investigan el folclor con criterio académico son los "folcloristas"; los cultores naturales son llamados "folclóricos".
Uno de los ancestros del canto a lo poeta en Chile es Liborio Salgado Reyes. Padre del fundamental cantor y poeta popular Lázaro Salgado Aguirre (n. 1902), es además hijo de un payador de quien heredó el nombre: Liborio Salgado, "del que se cuenta que payó con el diablo (leyenda que se repite en muchos países de América)", según refiere el cantor Pedro Yáñez en su trabajo "La paya en Chile".
Si bien la figura de la cantora, folclorista, recopiladora y autora Elena Montoya, La Criollita ha permanecido en el desconocimiento de la música popular chilena, su activa presencia e intensa creación la convirtieron en el mayor nombre del folclor en el norte. El puerto de Coquimbo, la pampa del desierto de Atacama, las oficinas salitreras y el el santuario de Andacollo, fueron escenarios e inspiraciones de la autora nortina, que dejó escrito ese sentido canto de devoción mariana llamado "Mamanchi".
Francisco Astorga Arredondo fue cantor a lo humano y lo divino, poeta y payador, y representó a uno de los centros importantes de la poesía popular chilena. Nacido en la localidad de El Romeral de Pilay (próxima a Codegua, en la Región de O"Higgins), fue el organizador del encuentro anual de payadores celebrado en La Punta de Codegua, uno de los más importantes del género, e iniciado en 1993. Al igual que cantores como Juan Pérez Ibarra, de Pirque, y Arnoldo Madariaga Encina, de Casablanca, fue también uno de los grandes artífices del canto a lo divino en Chile. Activo también como docente, falleció en julio de 2021.
Cantor, poeta y payador, Luis Felipe Carreño Campos es uno de los hombres que alimentan la poesía popular en la Sexta Región. Aunque nacido en Santiago, sus raíces están en Rancagua y en Navidad, con años de residencia en Machalí. Reconoce como maestros a Arnoldo Madariaga Encina y a César Castillo, El Tranca. Fue finalista en el Primer Concurso de Canto a lo Humano en Santa Cruz (1993) y ganador del Concurso Metropolitano de Poesía Popular en 1998 y 1999. Ha participado además en numerosos encuentros de payadores, grabó el disco colectivoVamos verseando la vida (2002) y publicó el libro Por utopías y sueños, con versos a lo humano y lo divino.
La pequeña localidad de Monte Águila, en la Octava Región, le dio al chileno José Sepúlveda su primera visión de mundo y, más tarde, el apodo que lo haría conocido en todo el país. Pese a no haber ganado premio alguno, El Monteaguilino fue estrella en el Festival de Viña 1988 y hasta hoy se cuela a radios folclóricas, fiestas y jornadas dieciocheras con “Caballito de metal”, la famosa canción del «tren y su chiqui chiqui cha / que alegra el triste corazón» .
René Inostroza es una de las más auténticas expresiones de la música campesina chilena. Nacido en Villarrica, pero con vida en Temuco, su llegada a la música se produjo tardíamente, cuando en un evento campesino al que acudió como periodista lo llevó casualmente al escenario. Su habilidad como guitarrista y el expresivo desarrollo de ritmos bailables como la guaracha lo llevaron naturalmente a desarrollar una carrera artística, que en los '80 lo llevó a ser uno de los artistas más vendidos de Chile. Hoy se mantiene en plena actividad como músico, y como un destacado estudioso y académico del folclor.
La cueca es la credencial mayor de Segundo Zamora, un hombre nacido en la pampa nortina que legó las composiciones "Adiós, Santiago querido", "Mándame a quitar la vida", "El marinero" y "El cuerpo malo". Ya su firma en esas glorias es historia trascendente, pero la música de este autor es aún más cuantiosa. Zamora —conocido más familiarmente como Guatón Zamora— fue autor de guarachas, corridos (como "Buen consejo") y también tocó tango, como acordeonista de la orquesta de Armando Bonansco. Murió en 1968, pero la música es cuestión de familia: su hija, María Esther Zamora, formó por décadas un dúo junto Pepe Fuentes que mantuvo vivos los genes musicales populares de uno de los grandes hombres de la cueca nacida y animada en la ciudad.
Cerca de su debut como conjunto, Los Aucas tuvo un estreno masivo que marcó por años su historia, cuando en 1982 participaron junto a Pedro Messone con la canción "La tejedora", de Sandra Ramírez, en la competencia folcórica del Festival de Viña del Mar. El tema se volvió excepcionalmente popular, y el conjunto iba a volver a ese escenario a defenderla en la competencia histórica organizada en su edición del año 2000. Pero Los Aucas son un grupo de raíz folclórica de vida propia, con varias publicaciones, e idas y venidas por cambios y disputas entre sus integrantes, que los ha llevado a períodos de pausa y presentaciones en «facciones». Su discografía integra ritmos chilotes, y ritmos nortinos, de zamba, candombe y son.
Carola López es una de las cantoras protagonistas en el traspaso de las raíces musicales campesinas hacia los ambientes urbanos, que tuvo su inicio a finales de la década de los 2000 con nombres como Fabiola González, Andrea Andreu, y más tarde con Carla Catalán y Claudia Belencha Mena. Iniciada en la tonada y la cueca desde los primeros años de su vida familiar, sus caminos la han llevado hasta diversos espacios del canto, integrando lotes, conjuntos y dúos. Pero ha sido su trabajo independiente como nombre propio el que le granjeó una reputación como investigadora y creadora. Carola López debutó en el disco en 2018, con Una mujer como usté, un recorrido por su primer cancionero autoral, nutrido de tonadas, cuecas, valses y, por supuesto, guitarra traspuesta.
Del pueblo de Huépil, capital de la comuna de Tucapel en la región del Bío Bío, es el payador Leonel Guillermo Castro Rojas, uno de los nombres recientes en los escenarios de la paya en Chile. Nacido en 1964 y agricultor de profesión, se inició en el verso improvisado a fines de los años '90 y desde entonces ha actuado en lugares como la Feria Campesina de Yumbel y los festivales de Laja, Arauco y Chillán, donde obtuvo el tercer lugar. Suele presentarse junto al dúo de canto campesino Quelentaro, y en diversos encuentros de payadores se ha destacado entre poetas emergentes como Víctor Quintana, de Quilleco, y los hermanos Gabriel y Rodrigo Torres, de Puente Alto.
Cantora de La Araucanía, nacida, criada y con una vida adulta en Collipulli, tras un paso por la capital, experiencia que la llevó a escribir la canción "No me vuelvo pa Santiago". Su música intuitiva, lejos de los rigores académicos y un canto libre sin depuraciones formales, se ha inspirado en la defensa de las causas mapuches y presenta un borde aguerrido de la canción de protesta ante las desigualdades sociales de su tiempo. Además se conecta en la naturaleza sureña y la "mapu", voz mapudungún para referirse a la tierra. Una de sus canciones más resonantes es "La conquistada de América".
Tito Fernández decía que no sabía escribir ni cantar particularmente bien, y que el escenario fue «una suerte de tortura necesaria: gracias a él puedo vivir, porque no sé hacer otra cosa». Sin embargo, convivió con logros únicos en el desarrollo de la música popular chilena, de entre los cuales la popularidad de canciones como "Me gusta el vino" y "La casa nueva" son los más inmediatos de reconocer. El Temucano fue un cantor capaz de cruzar audiencias, incluso en los períodos más divisorios de nuestra historia social reciente, tomando de la tradición folclórica aquella esencia narrativa que explicó su original razón de ser, y que supo combinar con los códigos de géneros populares, como el bolero. Las canciones de Fernández son historias para escuchar con atención, y si bien nunca buscaron redundar en los tópicos amorosos de la balada, transmitían un afecto entrañable por aquello que podríamos llamar nuestra identidad: el paisaje, la familia, la charla entre amigos, los brindis, la nostalgia.
Musicología y antropología son las especialidades en que desarrolló su trabajo María Ester Grebe, fundamental investigadora y profesora que dedicó su carrera al estudio de diversas culturas originarias y que realizó un trabajo cuantioso de recopilación en terreno, fuente de un archivo de registros sonoros que abarca desde pueblos del altiplano hasta etnias australes.
Parte de una tercera generación de cantores chilenos luego de Arnoldo Madariaga Encina (n. 1938) y Arnoldo Madariaga López (n. 1965), Máximo Retamales es el más joven de esa familia nacida en la localidad campesina de Casablanca, en la provincia de Valparaíso, y dedicada a la poesía popular. Cantor a lo humano y lo divino y también payador, ha actuado desde 1999 en encuentros de paya en Coronel (provincia de Concepción), el puerto de San Antonio, Putaendo (provincia de San Felipe de Aconcagua) y la propia Casablanca (desde 1994), y ha participado en vigilias, novenas y cantos de angelito, todas expresiones de la poesía popular religiosa. Desde 1992, cuando tenía doce años, es cantor permanente de las vigilias de canto a lo divino del Templo Votivo de Maipú, y a los veinte años participó junto a sus mayores de la familia en el disco Décimas a María (2001).
El tránsito entre el florecimiento de la Nueva Canción Chilena interrumpido en 1973 y su continuidad en el Canto Nuevo tuvo entre sus hombres más activos a Nano Acevedo. Cantante, autor, gestor musical y sindical, Acevedo es un cantor urbano de raíz folclórica que se inició en escenarios como la precursora Peña Chile Ríe y Canta en 1968, ganó el festival de la OTI en Chile en 1977 y ha sido un activista del gremio en dictadura y democracia, con cuarenta años de trabajo en los que ha escrito canciones como "Rin del amor" y el auténtico éxito setentero chileno "Oda a mi guitarra".
Inspirada en el folclor sureño y con la influencia directa de Violeta Parra y Víctor Jara, la cantautora angelina Pía Zapata se inició imitando a los voceadores del Mercado de Chillán. Su trabajo de autoría musical tomó elementos de ese folclor profundo y lluvioso y lo llevó a los espacios de la música moderna, sobre todo durante su vida musical que desarrolló luego en Valparaíso. Grabado con una banda de apoyo conocida como Pía Zapata, Tomate, Palta, su primer disco es Música de mimbre (2013), trabajo donde combina instrumentos como el tiple, el bombo chilote y el cajón peruano, con la guitarra eléctrica, bajo y batería.
Cantante y payador, Avelino Muñoz, llamado «el Melo», forma parte del grupo Los Mentaos y es uno de los nombres de la paya activos en la comuna capitalina de Puente Alto. Nació en 1951 en Paine, en la metropolitana provincia del Maipo, pero su ciudadanía es puentealtina desde que en 1954 su familia llegó a la Población Seguro, situada en el fundo San Gerónimo de esa ciudad, y en 1980 se trasladó a Casas Viejas.
Las figuras parentales de los músicos chilenos Patricio Manns y Fernando Carrasco coinciden en el punto de partida de Sur-Gente, uno de los conjuntos que con el nuevo siglo retomaron y desarrollaron la herencia artística del movimiento de la Nueva Canción Chilena. Formado por discípulos de ambos artistas, el grupo editó un disco, Sur-Gente (2001), en el que dispuso un repertorio de canciones recopiladas e inéditas, y se mantuvo activo durante cuatro años.
Una dedicación persistente y entusiasta por la música tradicional chilena —y, en particular, por la impronta de los dúos campesinos de cantoras—, ha llevado a las hermanas Vania y Constanza Mundaca a una serie de colaboraciones y conjuntos musicales, de entre los cuales su dúo Las Corraleras aparece como el más relevante. Autodidactas en la música, su compromiso con el canto apareció ya en la infancia, y se sostiene hasta hoy en un constante trabajo en vivo, en el que muestran un repertorio conformado no sólo por tonadas y cuecas, sino también por cumbias rancheras y otras canciones populares. Ambas cultivan también su gusto por el bolero en el Trío Esmeralda como proyecto paralelo.
Autor y compositor nortino, Sofanor Tobar fue uno de los más persistentes cultores de los ritmos folclóricos de esa zona cuando en los años '60 se desarrolló el movimiento del Neofolclor. Una de sus canciones más conocidas es "La burrerita", el cachimbo para canto y piano que ganó en 1966 la competencia folclórica del Festival de Viña del Mar interpretada por Los Paulos, y también son populares sus composiciones "Norte Grande", premiada en el mismo festival, y "Arre, burrito", conocida como "La tropillita".