1960
Autor y compositor nortino, Sofanor Tobar fue uno de los más persistentes cultores de los ritmos folclóricos de esa zona cuando en los años '60 se desarrolló el movimiento del Neofolclor. Una de sus canciones más conocidas es "La burrerita", el cachimbo para canto y piano que ganó en 1966 la competencia folclórica del Festival de Viña del Mar interpretada por Los Paulos, y también son populares sus composiciones "Norte Grande", premiada en el mismo festival, y "Arre, burrito", conocida como "La tropillita".
Agrupación de música tropical de Coquimbo, formada a fines de los años '60 por Luis Tirado Picarte, pianista y derector musical del elenco. Se iniciaron como cuarteto con Héctor Tito Rojas (voz y tumbadora), Eduardo Mico Poblete (bajo eléctrico) y Ricardo Íter (timbaletas), junto a Tirado. Los Cumaná son parte de la oleada de conjuntos de cumbia del Norte Chico que utilizaron la guitarra eléctrica como sonido identitario, como efecto del rock and roll de la época, y que tiene a su mayor exponente a Los Viking's 5.
Si la Nueva Ola se fundó imitando modelos extranjeros, Luis Dimas fue todo un ejemplo del movimiento. Nacido Luis Misle Troncoso, al muchacho de ese entonces, comienzos de los años 60, no le tomó mucho tiempo aprender que la clave para triunfar estaba en adoptar una personalidad ajena. Tal como lo había hecho un par de años antes Peter Rock al probarse el traje de Elvis Presley y apropiarse de algunas de sus canciones, Dimas hizo lo propio con Chubby Checker, por entonces el rey del twist en el mundo de habla inglesa.
María Soledad Leiva fue junto con Gloria Benavides la artista más precoz de la Nueva Ola. Si Benavides grabó en 1963 y fue conocida como La Gotita, Leiva lo hizo en 1964 con el nombre de Marisole. Pero ya a los trece años cantaba piezas como "El profesor" y "Salta mi corazón", y más tarde "No es fácil tener 18 años", que había sido éxito de voz de Rita Pavone. Sus primeras grabaciones salieron por el sello Caracol y luego grabó para Glenn "Qué cabeza dura" y "La rosa negra".
Al menos cuatro bandas latinoamericanas adoptaron durante los años sesenta el nombre Los Beatniks. El homenaje chileno a ese movimiento literario con sede en San Francisco, California, agrupó desde 1966 a cuatro jóvenes santiaguinos interesados en la llamada british invasion rockera, aunque desde una vereda atípica. Su vocalista, Julio César Pereira da Silva, era un ciudadano brasileño temporalmente afincado en Chile. Si los Rolling Stones fueron el molde para grupos locales como Los Jockers, y Los Yardbirds moldearon a Los Sicodélicos, Los Beatniks se miraron en el rock de aguda crónica social de The Kinks. Su único álbum, Beat (1967), contenía trece bien interpretadas versiones para temas de Ray Davies (más "Gloria", de los irlandeses Them), sin composiciones originales.
Aguaturbia fue una experiencia única e irrepetible en la historia del rock nacional, y hasta hoy su nombre se asocia a las raíces del movimiento en Chile. Inspiración hippie, un carácter auténticamente psicodélico y la reconocida imitación en estilo y aspecto de músicos como Jimi Hendrix y Janis Joplin fueron los ingredientes que dieron vida a este cuarteto, tal vez la primera banda local "de culto". Su existencia no sobrepasó los cinco años y nunca alcanzó ribetes masivos; sin embargo, tanto su calidad musical como la irreverencia de su discurso estético son reconocidos hoy como fuerzas originales que lograron remecer a la sociedad chilena de los años '60.
Probablemente sea la agrupación chilena con mayor rotación de integrantes en su historia: cincuenta y cuatro. También, la de más de más altas ventas de un disco sencillo: 600 mil, según cifras reportadas por Camilo Fernández, productor musical que en 1962 publicó en el sello Demon "El rock del Mundial". Lo que es seguro es que Los Ramblers, banda capitalina surgida en los albores de la Nueva Ola, es la más original y genuina de entre una generación que, en su gran mayoría, se limitó a imitar modelos extranjeros. El citado hit mundialista, y canciones como "Prende una mechita" y "Eres exquisita" son el más reconocible legado del grupo, el cual continúa hasta hoy animando veladas puntuales, capitalizando un recuerdo que ya supera el medio siglo de vida.
Cancionista melódioco de la década de 1940, José Gastón Aguirre fue figura de la era de pa radiofonía. Grabó canciones de Luis Aguirre Pinto, interpretó tonadas, valses y tangos. Fue solista de la orquesta de Porfirio Díaz. En 1974 viajó a Colombia para actuar en un festival de tango. De ese país no volvería más. Sus éxitos anotan títulos como "Jornalero", "Frivolidad", "Muñeca de loza", "Maldito cabaret" y "Dolor de ausencia", entre otras. Su hija Gloria Aguirre fue una estrella de la Nueva Ola.
Aunque su título profesional era de arquitecto, Vittorio Cintolesi participó en un sinfín de actividades creativas paralelas, vinculadas principalmente a la composición musical y la escritura. Su trabajo musical figura en varios álbumes, y se repartió entre obras de teatro, programas de televisión, comedias musicales y conciertos para orquesta. Nacido en Santiago y con un largo período de residencia en París, Cintolesi fue pianista, compositor y arreglador. Acaso su hito popular más significativo sea su condición de súperventas por sus composiciones para el programa infantil "Pinpón" así como la canción "Eres exquisita", una de las más conocidas de la Nueva Ola. Fallecido en 2015, desde 2018 la SCD estableció un concurso de composición de música para la infancia que lleva el nombre de Vittorio Cintolesi.
Integrante de una dinastía de músicos que se ha extendido por tres generaciones, Edgar Fischer es un cellista y profesor cuya trayectoria se desarrolló desde mediados del siglo XX en ciudades de Chile, Estados Unidos y Europa. Además de una vasta labor en orquestas del extranjero, su historia contempla un intenso trabajo en la música de cámara, con ensambles como el Trío Fischer y el Trío Arte.
Cecilia Pantoja Levi representó uno de los fenómenos más atípicos y sorprendentes de la música popular chilena. Aunque irrumpó como solista en pleno fulgor de la Nueva Ola, como la mayor estrella juvenil de la época, su estilo y repertorio no respondieron a cabalidad al molde del movimiento. Mientras los pares de su generación se limitaban a doblar las canciones de éxito en Estados Unidos o, cuanto más, a proponer un pop ligero y elemental, Cecilia adquirió personalidad propia con un catálogo diverso de canciones que en gran parte bebían de la tradición musical latina y europea. Tras períodos oscuros y complejos, en la década de 1980 se alzó como un símbolo de la cultura subterránea, y sus canciones recuperaron ese impacto masivo original. Ya en el siglo XXI, Cecilia acuñó su nombre como figura femenina central de la historia musical chilena, y un referente ineludible para las nuevas generaciones de músicas y músicos. Murió en el invierno de 2023, poco antes de cumplir 80 años.
El carnet de identidad de Guadalupe del Carmen es impreciso. Tiene el nombre de Esmeralda González Letelier y asume que el nacimiento de la principal voz de la ranchera chilena, de la propulsora de los charrasqueados y de la diva de villorrios y peones, se registra el 7 de enero de 1931 en una pequeña casa de adobe y troncos levantada en una suave loma de Quilhuiné (otro registro apunta su natalicio el 12 de octubre de ese mismo año). Guadalupe del Carmen es una de las figuras fundamentales de la música popular chilena de toda la historia, igualable a nombres como Ester Soré (n. 1915) en la interpretación de tonadas, a Margot Loyola (n. 1918) en su trabajo de proyección folclórica y a Violeta Parra (n. 1917) en la composición de música chilena de raíz.
En la figura de Juan Azúa se detecta uno de los puntos más representativos de la música popular de orquestas para espectáculos y televisión, en la línea de directores similares como Horacio Saavedra, Juan Salazar, Pancho Aranda y Rodrigo Miranda, entre otros. Desde los tiempos en que encabezó el montaje de El hombre de la Mancha en 1974, sus participaciones en sucesivas versiones de festivales OTI y de Viña del Mar, hasta el liderazgo conducción de la big band jazzística The Universal Orchestra, Azúa recorrió los tiempos como un espléndido conductor y arreglista orquestal.
Desde el jazz y la música popular orquestada hasta la industria de la Nueva Ola y una prehistoria del rock local son instancias en las que dejó su huella Arturo Ravello, uno de los más importantes contrabajistas chilenos. Activo desde comienzos de los años '50, justo a tiempo para asistir a esos cambios musicales y generacionales, Ravello se inició en Santiago, se estableció en Arica a fines de los años '60 y fue un músico de orquestas, auditorios de radio, estudios de grabación y giras, acorde con el perfil del instrumentista popular surgido en una época de la que fue uno de los últimos exponentes hasta su muerte en 2011, a los 84 años.
Es uno de los nombres femeninos importantes de la Nueva Ola, y canciones suyas como "Sin tu amor", "Quién es aquel", "Perfume de hierbas" y "Por qué te quiero tanto" fueron grandes éxitos radiales en los años sesenta en Chile. Su nombre completo es Myriam Luz González, nacida en Viña del Mar, criada entre Villa Alemana y Santiago, y lanzada tempranamente al canto en programas infantiles de radio como "El club del tío Alejandro", de Minería, y "El abuelito Carlos", en Radio Corporación. Sus primeras grabaciones las realizó junto a la orquesta típica del argentino Carlos Arci. Grabó para los sellos RCA-Victor, Phillips y Demon; y protagonizó varias ediciones de la entonces popular fotonovela Cine-Amor, en una dinámica de ascenso como figura juvenil interrumpida en 1968 por decisión propia luego de su matrimonio con otro músico destacado entonces en el país, el bajista del grupo Los Rockets (y futuro director de orquesta en televisión), Horacio Saavedra.
Aunque ambos cantautores se han destacado en sus respectivas carreras solistas, Isabel Parra y Ángel Parra formaron, también, un exitoso dúo, y bajo ese nombre publicaron sobre una docena de discos desde mediados de los años '60. Su trabajo en vivo se hizo leyenda a través de la Peña de los Parra, en Santiago de Chile, y se extendió bien entrados los ochenta durante el exilio de ambos en Europa. Juntos y por separado, sus nombres se enlazan con lo más trascendente del movimiento de Nueva Canción Chilena.
Una triple condición de investigadora, cantautora y gestora cultural ha hecho de Patricia Chavarría uno de los nombres de referencia para la cultura tradicional y el folclor campesino. Un trabajo de más de cuatro décadas se ha plasmado hasta ahora en discos, libros, artículos y videos. También ha realizado cursos, seminarios, conciertos y direcciones artísticas en Chile y en el extranjero. Su labor ha sido reconocida hasta ahora con diversos premios, incluyendo el Premio Nacional de Folklore (1985), la Medalla Bicentenario (2010), el premio a la Cueca “Samuel Claro Valdés” (2011) y el Premio Margot Loyola en la categoría de Investigación (2016). Sus grabaciones la han asociado a músicos como Osvaldo Jaque, Fernando Escobar y el Taller Curarrehue.
Por el tiempo en que en Francia fue conocido como "el chileno del saxofón", Alfredo Espinoza estaba aún muy lejos de pasar a ser la leyenda viviente del jazz nacional que terminó siendo. Mientras en Santiago y Valparaíso (su ciudad natal) su nombre no significaba más que la asociación entre dos palabras, según narran las crónicas en Buenos Aires y París su figura era "mitológica". Su muerte a los 72 años, en 2015, tras un largo retiro de la música, golpeó a la comunidad musical que vio partir a una figura ineludible, la más importante del jazz chileno para muchos entendidos y para los propios músicos.
Banda pionera en el levantamiento del primer sonido rocanrolero y go-go chileno, Alan y sus Bates legó varias canciones al acopio popular de los años sesenta en Chile, incluyendo entre ellos "Difícil", "No tengo dinero" y "Recuerdos de verano". El grupo destacó en vivo por el carisma de su cantante, Julio Escobar (nunca hubo un «Alan» en su formación), quien se impuso en el entonces popular formato del canto actuado, a la manera de un showman. Sus continuos cambios de integrantes convirtieron al grupo en una suerte de semillero de talentos, pues sus ex miembros formaron posteriormente bandas como Los Primos, Los Ecos y Beat Combo.
Por historia y por creación, se puede considerar a Los Jaivas como la banda chilena de rock más importante de todos los tiempos. Su vigencia los iguala cronológicamente a unos Rolling Stones activos desde 1963, pero sobre todo es la propuesta de un cruce entre ese rock esencial y la incorporación de elementos del folclor que marcó la jerarquía de la banda viñamarina desde comienzos de la década de 1970. Los Jaivas fueron los impulsores de una escuela musical que unió el lenguaje natural de las guitarras eléctricas con la mística de las raíces latinoamericanas, andinas y sureñas. El gesto estético practicado por los hermanos Eduardo, Claudio y Gabriel Parra, junto con Mario Mutis y el carismático Eduardo Gato Alquinta desde comienzos de los '70, se transformó en el rasgo distintivo de la banda ciento por ciento chilena y que el mundo conoce como Los Jaivas. Esto es el estallido resultante de la fusión entre la tradición musical ancestral de Latinoamérica, las formas de la música docta y la electricidad de los instrumentos del rock. Sus caminos musicales se mantuvieron trazados durante los tiempos y aunque la muerte de dos integrantes haya obligado a renovar los nombres del quinteto original, su huella es la misma iniciada en 1963.