2010
Baterista de jazz de la generación cero-cero, la historia de René Gatica ha transcurrido largamente en Buenos Aires, a donde llegó a los 22 años para estudiar y convertirse en un músico profesional. Desde Argentina tomó posición como sideman de músicos de la primera línea de la escena, como el pianista Ernesto Jodos, y en 2017 se estrenó como líder con un quinteto post-bop con el que grabó el disco Rana, su histórico apodo surgido del popular títere televisivo (la Rana René), una derivación fonética y de marcado carácter bebop de su nombre de pila.
Integrante del dúo de electrónica magallánica Lluvia Ácida y parte del colectivo Alpha Experimental Breaks, Héctor Aguilar utiliza el nombre de Polar en su ruta personal como creador. En ese línea paralela a la electrónica experimental y la investigación, ha explorado sonoridades del hip-hop, y corrientes rítmica del downtempo y breakbeat.
Ensamble de fusión contemporánea formado y dirigido por el guitarrista Daniel Román e integrado por músicos provenientes de distintas tradiciones, desde la música docta de cámara y el jazz moderno, hasta la música popular y el folclor chileno. Sus búsquedas los sitúan en una amplia escuela de cultores de la fusión sobre las raíces latinoamericanas desde un ámbito tanto académico como de expresión popular. Con las sonoridades de saxofones soprano y barítono, bajo eléctrico, batería, guitarra y cuatro, han explorado estos territorios, incluyendo en su trabajo eminentemente instrumental una serie de canciones con textos de carácter crítico y reflexivo sobre el acontecer político. Sus álbumes son Pequeños gestos de rebeldía (2014) y Atar y desatar (2017). Con este último trabajo, en 2018 el ensamble obtuvo el Premio Pulsar en la categoría Jazz y Fusión.
Entre las diversas exponentes del canto femenino de aproximación al pop-soul como Ema Pinto (Matahari), Moyenei Valdés (Mamma Soul) o Cristina Araya (Feria), Lorena Pualuan logró que su nombre fuera definitivamente reconocido y repetido en cierto circuito B del pop cuando se puso al frente de la orquesta de bronces LaMonArt al comenzar los años 2000.
El Bloque Depresivo no es un grupo formal en sentido estricto, sino un proyecto paralelo a LaFloripondio y Chico Trujillo, que también encabeza su líder Aldo Asenjo –Macha– y que integran músicos de esas y de otras agrupaciones, con un trabajo determinado simplemente por sus agendas y por su entusiasmo. Su repertorio nace del poderoso cancionero romántico latinoamericano (la llamada "canción cebolla"), pero en ese formato recoge canciones de otras esferas de la música popular. El singular conjunto comenzó con pequeñas presentaciones en 2010, y el 2017 protagonizó una gira por Chile y llenó dos veces el Teatro Caupolicán. Todo eso sin publicidad, sin grabar discos y sin conceder entrevistas. Un fenómeno de la música popular chilena del fin de esa década.
Adreade es una banda cultora del reggae y sus raíces, transferidas a un contexto sudamericano, en un país que por más de un siglo se ha quedado sin presencia africana. En sus primeros tiempos realizaron pequeños conciertos en el Biobío, en Concepción, desde donde surgieron como banda adolescente, además de San Pedro de La Paz, Talcahuano, Tomé y Dichato. Entonces incorporaban un repertorio del reggae clásico de Bob Marley y otros exponentes jamaiquinos, además de Los Cafres y los chilenos Gondwana, que en varios sentidos fueron influencia directa para ellos. Luego, ya profesionalizados, llegaron a grabar material original paulatinamente hasta publicar el disco Constelación en 2014. Su nombre es una derivación de la voz dread, que identifica a una libertad natural representada por los cabellos crecidos y enredados, propios de la cultura rastafari (drealocks), junto con la expresión "adrede", que significa "hacer las cosas deliberadamente". Una de sus canciones más difundidas ha sido una versión reggae de "Volver a los 17", de Violeta Parra, estrenada en 2017, el año de su centenario.
Con un pasado como guitarrista punk en Temuco, el año 2002 debutó como cantautor, y desde entonces ha protagonizado un intenso programa de presentaciones sobre todo en la zona sur, compartiendo escenario con pares de su generación (como Chinoy), y viajando en ocasiones a Santiago a actuar en vivo. Juanjo Montecinos hizo sus apariciones iniciales con el material de discos preliminares, que entonces figuraban con categoría de demos: Sencillo (2004) y Juanjo Montecinos en concierto (2006). Un año más tarde estrenó su primer álbum autoral, titulado Tráfico de sueños. En 2010 lanzó Urbanamente rural, donde despliega una serie de once canciones que hablan de amor, de vida cotidiana y temáticas sociales, con un predominio de la guitarra acústica y buenos comentarios desde los circuitos de la trova. Su siguiente trabajo, Serendipia, apareció en 2013, y desde entonces ha seguido lanzado discos y singles a través de las plataformas digitales.
Poco más de cinco años bastaron a este grupo para transformarse en uno de los nombres de mayor arrastre en la música bailable chilena desde 2010 en adelante. Y a diferencia de la mayoría de las bandas de su tiempo, para ese éxito Moral Distraída no apela a la popularidad de la cumbia sino a ritmos centroamericanos como el reguetón puertorriqueño y la timba cubana. Encabezado por los hermanos Abel y Camilo Zicavo, y con diez músicos en escena (que incluye una dupla característica de trombones y el sonido de las cuerdas del tres cubano), el grupo ha actuado en grandes festivales y sumado sucesivos éxitos (“Punto final”, “Pégate”, “Hacerlo de día”, “Probarlo todo” y “Canción bonita”, entre otros).
Esta sociedad a dúo es una de las vetas por las que buscar el trabajo musical del fundador de La Ley y Saiko, Rodrigo Aboitiz. Se trata de un proyecto de pop electrónico, a medias con el más joven pero experimentado Ignacio Redard. Su discografía hasta ahora ha sido una combinación de composiciones propias con reversiones de himnos discotequeros, aunque profundamente reformulados. Así, entre sus publicaciones se encuentran temas originales como "Parquet" y "Lo mismo", con una versión en inglés del clásico "Sin disfraz", de Virus, y otro para la seductora "Lobo hombre en París", de los españoles La Unión.
Cantor, percusionista y cultor de la cueca chilena pero también de valses criollos y boleros asociados a la bohemia porteña, René Torito Alfaro Parra integró agrupaciones como Los Chinganeros (2008), Los Corrigüela (2011) y sobre todo Los Trukeros (2007), con quienes se inició, llegó a grabar tres discos y a presentarse en el Festival del Huaso de Olmué de 2010. Por esa misma época comenzaron sus expediciones a Valparaíso, donde se fue instalando paulatinamente como músico en un proceso que él denominó "aporteñamiento". Torito Alfaro pertenece a la tercera generación de músicos de esa bohemia de Valparaíso, cuya práctica fue identificada y sistematizada en una investigación del Servicio del Patrimonio.
Compositor y nombre clave para la tradición popular chilena de los años '60, Eduardo Carrasco fue el pilar de Quilapayún desde sus inicios y hasta bien entrados los años '80, lo que significó acompañar su trabajo incluso en las turbulencias propias del exilio. Fundó el conjunto junto a su hermano Julio y el cantautor Julio Numhauser cuando aún era estudiante de Filosofía del Pedagógico de la Universidad de Chile. De ahí en adelante, Carrasco se convirtió casi en un símbolo del carácter disciplinado, creativo, generoso e investigativo que distinguió a Quilapayún, sin contar, por cierto, el de su férrea militancia comunista. Abandonó el conjunto entre 1988 y 2003, y en ese período su trabajo musical público fue más eventual que regular.
Fue tal la popularidad de José Alfredo Fuentes durante su juventud, que su carrera profesional completa puede explicarse por el fervor acumulado en esos primeros años como cantante, cuando su estampa de galán ingenuo y su vibrato maduro motivaron un fenómeno descrito alguna vez como «la beatlemanía chilena». Pese a ello, sería injusto comparar su caso al de decenas de contemporáneos suyos que alargaron durante décadas un par de hits cosechados alrededor de la época de la Nueva Ola. Su trayectoria ha sido larga pero activa, ha tenido varias composiciones propias y, en algunos períodos, ha mostrado una sorprendente propuesta.
Tres músicos jóvenes pero de enorme experiencia se asociaron en Los Bipolares poco después de comenzar a trabajar juntos en Inti-Illimani Histórico. Entre otras bandas, Camilo Salinas había pasado ya por los Pettinellis, Los Tres y Ángel Parra Trío; Fernando Julio fue integrante de Javiera & Los Imposibles; y Danilo Donoso apoyó en vivo a Anita Tijoux y a grupos como Bizikleta.
Tenorista y sopranista pitrufquenino, Marcelo Moncada desarrolló su historia en el jazz de manera decisiva durante sus largos años como saxofonista en la ciudad belga de Amberes. Ahí llegó en 2002 para estudiar saxofón y luego formar sus propias bandas con músicos europeos. En ese desarrollo de extensiva evolución, Moncada comenzó en una línea musical próxima a Joe Lovano implementando tríos pianoless dentro del jazz contemporáneo, pero con el tiempo accedió a una narrativa propia cada vez más inmersa en el concepto del universo, el espacio y el tiempo, a través de diversos conjuntos de jazz avant-garde como su Space Quartet y tríos como Orbit, donde incorporó el uso de la electrónica. A ello, Moncada sumaría un proyecto estrictamente unipersonal denominado Travel Sax, con el que recorrió innumerables países junto a su saxofón eléctrico y dispositivos para tocar en solitario.
Por edad y por la experiencia de las visitas que mantuvo a la casa de calle Alcalde Alberto Jenschke de la comuna de La Reina, Claudia Belén Mena Cáceres, también conocida como Belencha, se convirtió en la última de las últimas discípulas de la maestra Margot Loyola. La joven de 20 años tomó de esta madre de la investigación y la proyección folclórica, una serie de tonadas, danzas y cantos tradicionales que luego utilizaría para iniciar su camino solitario como cultora, que la llevó a debutar en el disco Quisiera ser palomita (2017).
Varias líneas marcan las influencias musicales y atraviesan la propuesta del guitarrista creativa de Antonio Faraggi, desde el jazz contemporáneo y la fusión al folclor latinoamericano y la música flamenca, de la que también se permeó a través de su hermano, el guitarrista flamenco Alberto Faraggi. Como líder presenta el disco Posición fetal (2020), una serie de composiciones para el trío que integraron Daniel Gazmuri (bajo eléctrico) y Gustavo San Martín (batería), con el que recorre esas diversas fuentes, como una presencia del pueblo mapuche y homenajes a la música de Víctor Jara y Nirvana.
Formado en el clarinete clásico, aventurado más tarde en la improvisación, consolidado en el jazz y proyectado en la fusión e incluso en la cantautoría, Mauricio Barraza ha sido un exponente contemporáneo dedicado del clarinete y el clarón. Otros solistas de jazz como Andrés Pérez y Diego Manuschevich, lo utilizaron como alternativa al saxofón. Pero en el tránsito del tiempo Barraza pasó de una música a otra, para combinar aspectos del jazz, la música docta y el pop en el disco Baladí (2017).
Diego Álvarez llegó a la cantautoría solista luego del paso por Mecánica Popular (1999) y Bocallave (2005), sin que ambos planos entraran en conflicto entre sí. Su formación de algún modo auguraba su deseo de trabajar en solitario. Álvarez estudió en la Escuela Moderna de Música Composición y Arreglos en Música Popular para luego perfeccionarse en jazz con profesores como Jorge Díaz y el legendario Panchito Cabrera (con quien integró en 1999 la agrupación Santiago Hot Club). Pero fue su tiempo de trabajo junto a Mecánica Popular lo más definitorio en su formación de guitarrista.
A unos pasos del cerro Santa Lucía, en Santiago de Chile, el número 256 de la calle Huérfanos es la dirección de la histórica galería de arte "Bucci", fundada en 1973 y recordada como uno de los bastiones culturales de los últimos años de la dictadura, abierto por igual a pintores de vanguardia y a músicos emergentes del punk y la new wave de los años 80. En la misma época, ese fue además un hogar para Juan Pablo, Pier y Andrés Bucci, hijos del galerista Enrico Bucci, que trabajaron allí impulsados por su padre. Durante las siguientes décadas serían músicos activos sobre todo en la escena electrónica, bajo los nombres individuales de Skip o Chord, o en colaboraciones y grupos como Plan V, Mambotur y Detalles, a menudo editados por sellos alemanes.
No son muchas las agrupaciones chilenas con la tradición de un instrumento —y no la de un repertorio— como brújula de trabajo, y Diapasón Porteño destaca por esa excepcionalidad y por la libertad con que la asumen. Así, sus grabaciones y colaboraciones abarcan el trabajo con tonadas, tango, boleros y cuecas. El extendido oficio musical de sus integrantes ha ganado la confianza de intérpretes tan reconocidos como Ángel Parra, Cecilia Echenique y Max Berrú, a quienes han secundado en la grabación de discos. Su objetivo ha sido, dicen sus integrantes, ejercer como «un eslabón entre los antiguos cultores de la guitarra popular chilena y latinoamericana, y las nuevas generaciones».