Metal

All TomorrowsNuclear – Formula for anarchyNecrosis - Age of decadenceSadism - AllianceCrisálida - Terra ancestral

 

Subsuelo extremo

Son encuentros de generaciones los que se registran en la dos más importantes corrientes metaleras en Chile en 2015. En la historia del thrash metal local el nombre de Necrosis está escrito con caracteres de leyenda desde su aparición en 1985 y la banda renueva ese recorrido en su cuarto disco, Age of decadence, con el baterista Andy Nacrur como motor histórico, mientras los ariqueños Nuclear inyectan energía nueva al thrash chileno con el álbum Formula for anarchy, editado por el sello británico Candlelight Records. Al mismo tiempo otro nombre inicial del death metal, Sadism, lanza el octavo disco de su trayectoria, Alliance, por medio del igualmente histórico sello chileno Toxic Records, esta vez con sede en Suecia y en conjunto con la etiqueta Mechanix Records de ese país, al igual que los noventeros Saken marcan su regreso con su segudo disco, Dense & thick; y en tanto los más recientes All Tomorrows renuevan los códigos death metal con la aproximación más técnica de su nuevo disco Sol agnates.

La vieja escuela thrash tiene considerables exponentes en nuevos discos de Warchest (Downfall), Maldito (Mutilation of souls), proyecto del bajista de la banda Inferis, Manuel Alarcón; así como de los sanfernandinos Dictator (Moreover imagination) y Deranged, de Concepción (Defacing world), publicados por el sello Underground Defenders; los santiaguinos Dekapited (Nacidos del odio) y Foranheo (Perfidy); y vetas thrash más modernas de Mano Humana (Sombras), los santiaguinos Lefutray (Oath) y los ariqueños Conflicted (Under bio-lence), tres discos editados por Sickbangers. Pero una vez más queda evidencia de la supremacía death metal en la cantidad del lanzamientos locales en 2015, así como el predominio del más prolífico sello disquero local Australis Records, con ejemplos como el death metal melódico de Projector en Between nature and ego o la variante más industrial de los puertomontinos Hategrama en Ignite the irate machine.

Todos estrenos death metal de Australis son los discos de los ariqueños D.R.I.L.L. (Vicious ruthless bloodshed), los serenenses Hura Crepitans (Sandbox tree), los rancagüinos Gravestone (Ancient spirits), los chillanejos Gangrena (Gangrena), los santiaguinos Cerberus (Agony of damnation) y Death Incarnate (Hordes of eternal devastation) y los discos split o compartidos entre los también capitalinos Trimegisto y Godagainst (Apocalyptic procreation), Magnanimus y Godagainst (Opening the cataclysm portal to the gods) y Melektaus con Dominus Xul (Hymns of transformation). Otra etiqueta muy activa es Rotten Cemetery, con los iquiqueños Severe Punishment (The last green soul), los antofagastinos Cranial Implosion (Lost on dead dominions), los porteños Sadistic Murder (Butcher of Rostov) y las formas de death metal más brutales de los rancagüinos Cerebral (Agorafobia) y Pedofagia (Torturando la infancia). Se suma el split entre los coihaiquinos Abrekadaver y los santiaguinos Praise the Flame en Hordes of the fire throne (Congregation from the Unholy Death) por el sello valdiviano Rawforce Productions, además de Carvakas (Anti-platonic machinery) por Sickbangers, los temuquenses Consumed (Dehumanize to demonize) por Mushantufe Productions, el doble entre las bandas death metal chilotas Butamacho y Lapidation (Split) por Ancestral Terror Records, los ariqueños Necrodemon (In the ecstasy of fire) por Perro Jesus; los iquiqueños Atomicide (Chaos abomination I), por el sello alemán Iron Bonehead, y los santiaguinos Praise the Flame (Manifest rebellion) vía Memento Mori, y grupos independientes como los santiaguinos Hordax (Hordax) y Akbal (Mirando al cielo).

El sonido más lóbrego del doom metal se escucha a a cargo de los ariqueños Egregor (Karma) y los santiaguinos Lapsus Dei (In our sacred  places), también cercanos al death metal melódico, con su disco editado por el sello mexicano Sun Empire Productions. Y las oscuridades blasfemas del black metal encuentran cultores en varias bandas publicadas por el sello local Tyrannus Records, como los capitalinos Gates of Tyrant (Gates of Tyrant) y Bewitched (In via increatae lvx), próximos además al doom, además de un disco compartido entre los penquistas Cold y los santiaguinos Austral (The exalted shadows of death are dancing) y un split a cuatro bandas entre los locales The Last Knell y tres grupos de black metal de Italia, Serbia y Grecia: Death to thy world. En las mismas ligas están los quilpueínos Calvario en The last sunset por Underground Defenders, los temuquenses Kasbeel en Rebellion and opposition por Australis Records y el valdiviano Damien Rath en Sanatorium rites, mientras los valdivianos In Nomine combinan black metal y speed metal en el EP Suerte y muerte, editado por Rawforce Productions.

En la escuela más reconocible del heavy metal figuran discos de los porteños Metal Grave (The eternal flame of deception), por el sello Evil Confrontation, así como de los melipillanos Tormento (Maldito heavy metal) y los quilpueínos Motosierra (La muerte), con etiqueta de Underground Defenders. A la vez son sonidos próximos al power metal los de los ancuditanos Camus (Senderos de libertad) y los santiaguinos Steelrage (All in), Fireland (The time traveler) y Witchblade (Evolution), otro disco de Australis. El groove metal aplicado a las escuelas thrash o death metal se manifiesta en los estrenos de bandas como los capitalinos Ratzinger (Dios?), Obscure Sphere (Disruption) y Sobernot (Aurt), en tanto los chillanejos Haganeno agregan raíces vernáculas al sonido metalero de su disco El Puelche, los santiaguinos A Step to Live se muestran más cercanos al metalcore en Ajna y más bandas como Encore (Origen), Coyuntura (Efecto esquizofrenia), Disfonía (The sound of the collusion), Unión (Ni un paso atrás) y los antofagastinos Moto Perpetuo (Silencio inconveniente) se suman al poblado panorama metalero del año.